domingo, 12 de junio de 2011

NEGOCIO REDONDO

Definitivamente Juan y Carlos habían nacido para ser hermanos; tal vez por eso, sus padres, en algún momento, desde diferentes rincones del país, habían decidido vivir en Chiloé, justamente uno al lado del otro, como si el destino fuese una suerte de lotería y ellos se la hubieran ganado.
Cuando las pandillas del barrio habían decidido establecer sus dominios, ambos amigos se apartaron de las luchas tribales y eligieron el camino de los rufianes a la edad en que muchos de nosotros aún se mojaban los calzoncillos en un ataque risas.
No participaron de la suerte juvenil; es decir: jugar a equivocarse, hacer el ridículo y madurar hasta que los padres así lo estimasen.
En el ambiente crapuloso donde se criaron, quisieron hacer las mismas fechorías que habían oído una y otra vez, como si fuera la única escuela de iniciación para sus días venideros.
Nuestras pandillas, a pesar de las constantes batallas que se libraban por ganar un espacio donde jugar una pichanga o nadar por el río, siempre establecían treguas para realizar campeonatos de barrios o silbar juntos a las chiquillas que paseaban. En estas fechas, ellos también eran invitados a participar por falta de jugadores o lo que haya sido, pero ambos amigos preferían alejarse y planear sus negocios.
Una tarde cuando ya no quedaba tiempo para la razón, Juan y Carlos decidieron planear un atraco a la bodega de vino que se había instalado en las dependencias de una iglesia evangélica, allí mismo donde el pastor hacía sus cultos.
Previamente habían oído de un proyecto de reciclaje de vidrios y cartones, motivo por el cual un vendedor callejero había instalado una receptora de materiales en el centro de la ciudad. El negocio era tan bueno que ya no salía a vocear: compro papeles y botellas.
Se deslizaron como si fueran babosas en la humedad de la noche y, así mismo, ingresaron por una rendija que les permitió el acceso a las garrafas de vino.
Trabajaron arduamente y acumularon su botín en la cascada…
Al día siguiente aparecieron con garrafas vacías por la receptora de reciclaje.
El comprador les preguntó, después de algunas ventas furtivas, dónde encontraban tantas garrafas vacías; y ellos, como si pretendieran establecer un negocio serio y constante, no pudieron aguantar más su insólita estrategia comercial y le contaron la procedencia.
– ¿Y qué hacen con el vino? – les preguntó el asombrado comerciante.
–Las vaciamos en el río para que nadie se de cuenta – contestaron con la cara llena de satisfacción.


Héctor Véliz Pérez-Millán
Escritor

miércoles, 6 de abril de 2011

LAS FLORES DEL CARDO

Hace mucho que quería contar que no sólo soy producto o impulso de un grupo de personas que hoy son personajes. Si eso fuera así, creo que habría sido portador de una ideología y las pretensiones de alguna clase social chilena; y nada de eso es cierto. No lo digo para abominar de mi pasado inmediato ni de mi origen ancestral. Al menos tengo claro de dónde vengo, y sé cual es mi función. Creo que siempre lo tuve definido, el problema era cómo sobrevivir a esa convicción y continuar.
Las hojas de los árboles, a este lado del territorio williche, comienzan a ponerse pálidas de frío; ya por la tarde el sol las seca y se ponen como esas viejas fotografías que lucen en los museos hasta caer a los pies de los viejos amantes. Me dicen que es el otoño. Debe ser cierto, pero en nuestra Isla Grande, el otoño se aferra a los árboles y no le arranca ninguna hoja; ellas persisten hasta caer podridas por la lluvia, antes que pasar al olvido.
Pero no siempre es así, hay una planta maravillosa que a fines de Abril solía perseguir cuando emprendía el vuelo, me refiero a las flores del cardo:

Sólo hay una flor
Cubierta de espinas
Que viaja al cielo
Con su mensaje

Estos versos salieron en algún momento entre unos poemas que escribí producto de una resaca emocional. Pero más allá de esas rimas, hay algo que me alegra cuando las veo viajar al cielo... Me transportan hasta mi infancia: creo que tenía siete u ocho años, cuando tuve conciencia de que iba a ser un escritor. ¿Cómo lo descubrí?... pues, escuchando y leyendo relatos: lo primero lo hacía en casa, donde la mayoría de mis parientes eran analfabetos que habían llegado a la ciudad de las lejanas Islas de los Chonos, y lo segundo, de la biblioteca pública en la ciudad de Castro, a dónde me refugiaba en los terribles días de invierno que en Chiloé dura nueve meses.
Pero insisto, había en mi barrio un sitio baldío donde sólo crecían flores de cardo, y por alguna extraña razón, los chicos no destruían o al menos permanecían lejos de ellas. En realidad no eran las espinas las que los mantenían a raya, creo que debe haber algún mensaje ancestral inscrito en la memoria de los chicos que suelen destruir las plantas; y, sin embargo, respetan a esta flor que no da frutos y ensucia el paisaje con su presencia.
Recuerdo que un verano, vino un viento del norte y, en presencia de nuestro eterno juego de pelotas, se convirtió en remolino…la mayoría escapó a sus casas a protegerse los ojos por la cantidad de arena que arrojaba, pero aquellos que permanecimos impasible, pudimos ver que el demonio del viento cosechó los cardos y se los llevó como un tesoro por todas partes haciendo una columna alucinante con esas frágiles flores que nacen entre las espinas.
Los chicos empezaron a dar vueltas y a gritar, pero yo permanecí callado pensando: “Eso haré…escribiré cuentos, muchos cuentos, casi insignificantes como las flores del cardo, y un día vendrá un ventarrón, un remolino que los llevará lejos, para todas partes, incluso hasta aquellos lugares que jamás podré conocer”.
No sé si lo habré logrado en estos días de otoño cuando las flores de cardo se acicalan y se aprestan ha realizar su viaje junto al espíritu del viento, no sé; pero lo que sí sé es que desde ese momento comenzó mi viaje a través de la literatura. Reconozco que sólo he viajado por la Patagonia y la Región Williche; que casi no hay espacio que no haya visitado, pero reconozco también que me parece haber recuperado parte de ese mundo que les fue arrebatado a mis antepasados. Tal vez no materialmente, pero sí en ésta materia de la que están hecho los sueños. Este es un espacio propio, mío. Es lo que me tocó, reconstruir los mitos en este territorio que muta trágicamente, siempre por catástrofes subterráneas o políticas. Lo sé, siempre nos estamos reinventando, y reconstruyéndonos de la devastación. Mi familia también se reconstruyó en alguna parte de su historia y decidieron terminar con los traumas de la supervivencia en los canales.
Pero no teníamos una historia oficial, sino leyendas y relatos familiares que nos recordaban de dónde había venido la familia.
Mi abuela, una anciana de origen Chono, me transmitía sus relatos y la historia familiar. Luego, cuando descubrió que yo podía escribir, me dijo: “Tú vas a ser un escribiente”.
Nunca más me lo repitió y sólo se dedicó a contarme todos los días muchas historias y relatos de su infancia, que seguramente entre las lecturas que vendrían, las olvidé.
Pero no he olvidado que entre sus pertenencias, solía sacar plantas, secas y bien cuidadas que solía dar a las personas que la venían a visitar en busca de alivio desde todas las islas del sur, de donde ella y su familia habían emigrado. Ella era una machi, y se la tenía muy reservada, porque en el pasado, las machi fueron acusadas de brujas y la experiencia le había enseñado que era más útil sobrevivir que hacer de mártir.
Pasó mucho tiempo para descubrir que tenía una historia más importante por escribir que comentar las vicisitudes contemporáneas en mis trabajos; debía reconstruir nuestro mundo devastado por la marea conquistadora; y que más aún, se había apoderado de nuestro patrimonio natural y cultural.
De allí viene el impulso, luego vendría la influencia de los clásicos de la literatura universal, y principalmente, el coraje del Taller Literario Aumen cuando se instaló en casa del Poeta Carlos Alberto Trujillo y desde allí, combatió verso a verso, contra la Guerra de Chile.
En esas jornadas no estuvo ausente nadie que amara la poesía, la libertad y los sueños. Nos reunimos todos aquellos que no cerramos los ojos cuando alguna vez apareció el torbellino para cosechar las flores del cardo; o quizás, todos juntos pensamos que aprovecharíamos esa fuerza para mandar nuestros mensajes al mundo, para decir que sobrevivimos; y así nuestro testimonio se repartirían para todos los vientos.

Héctor Véliz
Escritor

domingo, 3 de abril de 2011

LAS FLORES DEL CARDO

Hace mucho que quería contar que no sólo soy producto o impulso de un grupo de personas que hoy son personajes. Si eso fuera así, creo que habría sido portador de una ideología y las pretensiones de alguna clase social chilena; y nada de eso es cierto. No lo digo para abominar de mi pasado inmediato ni de mi origen ancestral. Al menos tengo claro de dónde vengo, y sé cual es mi función. Creo que siempre lo tuve definido, el problema era cómo sobrevivir a esa convicción y continuar.
Las hojas de los árboles, a este lado del territorio williche, comienzan a ponerse pálidas de frío; ya por la tarde el sol las seca y se ponen como esas viejas fotografías que lucen en los museos hasta caer a los pies de los viejos amantes. Me dicen que es el otoño. Debe ser cierto, pero en nuestra Isla Grande, el otoño se aferra a los árboles y no le arranca ninguna hoja; ellas persisten hasta caer podridas por la lluvia, antes que caer al olvido.
Pero no siempre es así, hay una planta maravillosa que a fines de Abril solía perseguir cuando emprendía el vuelo, me refiero a las flores del cardo:

Sólo hay una flor
Cubierta de espinas
Que viaja al cielo
Con su mensaje

Estos versos salieron en algún momento entre unos poemas que escribí producto de una resaca emocional. Pero más allá de esas rimas, hay algo que me alegra cuando las veo viajar al cielo con su mensaje. Me transportan hasta mi infancia: creo que tenía siete u ocho años, cuando tuve conciencia de que iba a ser un escritor. ¿Cómo lo descubrí?... pues, escuchando y leyendo relatos; lo primero lo hacía en casa, donde la mayoría de mis parientes eran analfabetos que habían llegado a la ciudad de las lejanas Islas de los Chonos, y lo segundo, de la biblioteca pública de la ciudad de Castro, a dónde me refugiaba en los terribles días de invierno que en Chiloé, dura nueve meses.
Pero insisto, había en mi barrio un sitio baldío donde sólo crecían flores de cardo, y por alguna extraña razón, los chicos no destruían, o al menos permanecían lejos de ellas. En realidad no eran las espinas las que los mantenían a raya, creo que debe haber algún mensaje ancestral inscrito en la memoria de los chicos que suelen destruir las plantas; y sin embargo respetan a esta flor, que no da frutos y ensucia el paisaje con su presencia.
Recuerdo que un verano, vino un viento del norte, y en presencia de nuestro eterno juego de pelotas se convirtió en remolino…la mayoría escapó a sus casas a protegerse los ojos por la cantidad de arena que arrojaba, pero aquellos que permanecimos impasible, pudimos ver que el demonio del viento cosechó los cardos y se los llevó como un tesoro por todas partes haciendo una columna alucinante con esas frágiles flores que nacen entre las espinas.
Los chicos empezaron a dar vueltas y a gritar, pero yo permanecí callado pensando: “Eso haré…escribiré cuentos, muchos cuentos, casi insignificantes como las flores del cardo, y un día vendrá un ventarrón, un remolino que los llevará lejos, para todas partes, incluso hasta aquellos lugares que jamás podré conocer”.
No sé si lo habré logrado en estos días de otoño cuando las flores de cardo se acicalan y se aprestan ha realizar su viaje junto al espíritu del viento, no sé; pero lo que sí sé es que desde ese momento comenzó mi viaje a través de la literatura. Reconozco que sólo he viajado por la Patagonia y la Región Williche; que casi no hay espacio que no haya visitado, pero conozco también que me parece haber recuperado parte de ese mundo que les fue arrebatado a mis antepasados. Tal vez no materialmente, pero sí en ésta materia de la que están hecho los sueños. Este es un espacio propio, mío. Es lo que me tocó, reconstruir los mitos en este territorio que muta trágicamente, siempre por catástrofes subterráneas o políticas. Lo sé, siempre nos estamos reinventando, reconstruyendo de la devastación. Mi familia también se reconstruyó en alguna parte de su historia y decidieron terminar con los traumas de la supervivencia en los canales.
Pero no teníamos una historia oficial, sino leyendas y relatos familiares que nos recordaban de dónde había venido la familia.
Mi abuela, una anciana de origen Chono, me transmitía sus relatos y la historia familiar. Luego, cuando descubrió que yo podía escribir, me dijo: “Tú vas a ser un escribiente”.
Nunca más me lo repitió y sólo se dedicó a contarme todos los días muchas historias y relatos de su infancia, que seguramente entre las lecturas que vendrían, las olvidé.
Pero no he olvidado que entre sus pertenencias, solía sacar plantas, secas y bien cuidadas que solía dar a las personas que la venían a visitar en busca de alivio desde todas las islas del sur, de donde ella y su familia había emigrado; ella era una machi, y se la tenía muy reservada, porque en el pasado, las machi fueron acusadas de brujas y la experiencia le había enseñado que era más útil sobrevivir que hacer de mártir.
Pasó mucho tiempo para descubrir que tenía una historia más importante por escribir que comentar las vicisitudes contemporáneas en mis trabajos; debía reconstruir nuestro mundo devastado por la marea conquistadora que la había devastado; y que más aún, se había apoderado de nuestro patrimonio natural y cultural.
De allí viene el impulso, luego vendría la influencia de los clásicos de la literatura universal, y principalmente, el coraje del Taller Literario Aumen cuando se instaló en casa del Poeta Carlos Trujillo y desde allí, combatió verso a verso, contra la Guerra de Chile.
En esas jornadas no estuvo ausente nadie que amara la poesía, la libertad, los sueños. Nos reunimos todos aquellos que no cerramos los ojos cuando alguna vez vino el torbellino a cosechar las flores del cardo; tal vez todos juntos pensamos que aprovecharíamos esa fuerza para mandar nuestros mensajes al mundo, que sobrevivimos y que nuestra palabra se repartiría para todos los vientos.


hector veliz
escritor

viernes, 28 de enero de 2011

MUERTE DE UN GUERRERO KAWESHKAR

En la primera casa de la esquina, vivieron hace mucho tiempo, los Ketamaway, esa gente de mar que el maremoto arrojó a los cerros, olvidándolos para siempre entre los maquis y la murtilla.
El padre era Kameco y su hijo, Kelá.
A la gente le costaba trabajo distinguirlos cuando caía el sol bajo una nubada, porque eran casi como dos hojas de canelo, es decir, frescos y saludables; y como si fuera una maldición, nunca pudieron adaptarse a la picadura de leña, la jardinería o a la limpieza de las calles, donde paseaban los funcionarios del gobierno.
El viejo Ketamaway, cuando el viento hacía blanquear la bahía, prefería quedar aplastado por una garrafa de vino que el clandestino le fiaba, antes de pensar en su mala suerte.
Su hijo en cambio, parecía un guerrero kaweshkar, fuerte y robusto que prefería pasar el tiempo jugando con nosotros a todos los juegos infantiles, antes de asistir a ningún colegio, donde alguna vez tuvo que salir aullando de un varillazo por no aprender a multiplicar rápido.
Se había criado entre la pesca y el vino, los asados y el hambre… Tal vez por eso, prefería nadar en el río, bucear a puro pulmón y cantar rancheras antes que aprender la canción nacional.
A parte de ser unos extraños en la ciudad, eran fieros enemigos de los Ballesteros.
Ballesteros era un patojo engreído que volvía locas a las mujeres y a la mujer de Kameco también; pero por esa locura de la vida, se había casado con la mujer más fea del reducto huilliche, donde la mayoría eran pachachos.
Como dije, Ballesteros era vecino y enemigo de los Ketamaway.
Tal vez a Ballesteros le provocaba envidia y rabia estar junto a un hombre tan alto y pacífico como el viejo Ketamaway, cuyo hijo, parecía un gigante que no paraba de crecer, comparado con las raquíticas criaturas que él tenía por hijos; quienes además, habían heredado la condición petiza de sus padres. O tal vez, la presencia de esos pescadores que no regresaron al mar, era algo que ningún Ballesteros estaba dispuesto a tolerar.
Ambas familias eran gente muy pobre, pero de alguna parte de su miseria sacaban la energía que necesitaban para atacar y defenderse de las ofensas que en los períodos de borracheras, eran amenazas mutuas.
Sus repentinas peleas callejeras y conflictos de intereses, eran motivo de visitas e intercambio social; más todavía cuando corría ñache…Porque entonces, el boliche de la Sra. Carmela, vendía más yerba y azúcar, para animar el pelambre hasta la madrugada, cuando las velas en su último alarde luminoso mandaban a todos a la cama.
El encuentro de esos dispares enemigos, era motivo de comentarios más risibles todavía, si pensamos que los mismos críticos era gente que vivía con los ojos hinchados.
Y a pesar de que Ballesteros, tenía junto a Kameco, escasa envergadura física, poseía en cambio, la audacia y rapidez de una huiña cuando sale a cazar mariposas.
Por ese tiempo yo solía ser amigo de ambas familias, por un asunto estrictamente deportivo: jugar a la pelota y nadar hasta el otro lado del río para ir a jugar contra la Pandilla de los Curas.
Las peleas sucedían de manera inesperada, y los ataques a veces parecían venir del aullido de un perro cuando anuncia desgracia o de la sal que se había derramado en la mesa…entonces los ánimos se convertían en animosidad y la zalagarda de las mujeres, preparaban el festín de comentarios sobre la sangre que se olvidaba en las manos del contrario.
Ahora todo parecía haber pasado.
Hasta que un día Ballesteros decidió terminar con la guerra personal que Ketamaway había sabido preservar, defendiéndose a golpes y patadas de aquel hombre que le había puesto por delante la marejada, cuando al comenzar el invierno lo arrojó del mar como si fuera un pescado moribundo.
Decir que la timidez hundió al pescador, es como decir que el odio armado de ballesteros, usaba cuchillo zapatero.
Por eso a nadie sorprendió cuando una hermosa tarde de primavera, Ballesteros desafió a Ketamaway a campo abierto, a pelear sobre las margaritas.
Por otro lado, Kameco seguro en la fortaleza de su enorme cuerpo de pescador, esperó como tantas veces el ataque del petizo luchador, para devolverle el golpe y hacerlo arar en la pampa.
Sólo que esta vez, antes que pudiera avisar el golpe, Ketamaway recibió una estocada del audaz gato porfiado que era Ballesteros, y cayó tirando las tripas ante la presencia socarrona de los vecinos que gustaban de verlos pelear hasta que los separaban sus mujeres.



texto publicado en el libros
Los dueños de la ciudad autor, hectorvelizpm

martes, 7 de diciembre de 2010

Presentación del libro : La Gran Construcción del Puente de Chacao

Me ha pedido usted un comentario respecto al texto La Gran Construcción del Puente de Chacao del señor Héctor Véliz Pérez-Millán, literato chilote. Dicha obra la he percibido de la siguiente manera:
1ero.: Este autor, en términos esenciales, posee sentido innato de la ironía, desde luego, sin llegar al sarcasmo. Lo suyo opera a nivel de ideas. Tiene tacto; en otras palabras, dosifica extraordinariamente bien su veta irónica, de tal forma que está lejos de saturar.
Es destacable la enorme facilidad que tiene para abordar temas complejos sin mayor esfuerzo aparente. Su tono es conversacional e intimista, otorgándole un toque de humanidad a su relato, cualidad un tanto escasa en estos días.
2do.: En lo personal, conozco de cerca destacados literatos de Chiloé y me doy cuenta perfectamente de que el señor Héctor Véliz le hace honor a la tradición y calidad de los artistas de la palabra insulares como Sonia Caicheo, Oscar Galindo, Rosabety Muñoz o Sergio Mansilla, escritores connotados que mantienen el fuego sagrado de la “poiesis” (Entendida en su sentido griego original, vale decir, “creación”).
3ro.: He disfrutado la prosa de este literato sureño. Atrapa su estilo sereno e incisivo a la vez. Por otra parte aborda una temática contingente, desde su punto de vista desencantadora, negativa, con real altura de miras, sin el acostumbrado dejo de resentimiento. Tampoco cae en la tentación de ser “políticamente correcto”. Dice lo suyo sin tapujos. Léase el siguiente fragmento: “Según los doctores de ciencias políticas, las grandes construcciones requieren grandes sacrificios sociales y en nombre de esta fábula, todos los crímenes se justifican porque la epopeya en su marcha forzada engrandece el espíritu humano”. Defiende sus raíces huilliches sin caer en el panfleto, la fórmula fácil o efectismos trasnochados. La construcción de una obra de ingeniería de semejante envergadura, en el caso de la Isla de Chiloé, significa un corte con sus lazos filiales, primordiales para miles de seres humanos. Lo atávico suele ser arrasado; sin embargo, el peso de la historia termina por hacer resurgir gritos donde sólo habitan espectros, en el mejor de los casos. Es didáctico, además, el señor Héctor Véliz Pérez-Millán.
4to.: Como decía un prócer de las letras “Conoce bien tu aldea y serás universal”: a mi juicio, dicho enunciado sintetiza un aspecto determinante en Héctor Véliz Pérez-Millán. Su Obra podrá contener tópicos locales, perdidos en una de las zonas más australes del mundo, pero los tipos literarios que desfilan en algunos episodios, como por ejemplo en “Algo va a pasar” son definitivamente una muestra clarísima de lo anteriormente afirmado, a prueba de fronteras y prejuicios.
Aunque por derroteros distintos, asocio la temática y la actitud artística de este creador con figuras tan dispares entre sí como el español decimonónico Mariano José de Larra, al maestro ginebrino, pero de cultura francesa Voltaire; los chilenos Manuel Rojas y Joaquín Edward Bello o el colombiano Gabriel García Márquez. De este último, veo una feliz coincidencia en la manera de jugar con el lenguaje. Pese al formato (narrativa), el autor tiene una enorme facilidad para la prosa poética. Le aflora inevitablemente. Felizmente.




Giovanni Novoa
Profesor de Lenguaje y Comunicación
Alianza Francesa de Osorno
Encargado Nacional de Lenguaje y Comunicación
Sociedad Educacional la Araucana.

miércoles, 25 de agosto de 2010

VIAJES POR EL TERRITORIO WILLICHE

La mayoría de mis textos están concebidos dentro del espacio williche, de manera que vendría siendo el rescate de la memoria y la continuidad histórica de los relatos ancestrales de la Nación Mapuche. Esto es para decir que también se puede crear a través de los viajes por el territorio, lejos de aquellos que pretenden hacernos creer que por realizar su trabajo bajo la hegemonía de un gobierno, sólo ellos están determinados a ser hitos en el desarrollo de una nación.
Es por eso que estos relatos, a pesar de las catástrofes y del tiempo que todo lo arrasa, traspasan la materialidad histórica y continúan existiendo; y de la misma manera que esos monumentos que ostentan el legado patrimonial de las grandes civilizaciones, nuestros relatos están hechos de la monumentalidad de sus paisajes y del material prehistórico que testimonian la continuidad y la persistencia de nuestro pueblo.
La creación y la reescritura de estos relatos dan cuenta de la totalidad cultural del mundo mapuche: la naturaleza, los animales, los lagos, las islas, los mitos que los pueblan, la presencia del hombre y la creación de las normas que regulan la supervivencia.
Son relatos simples y transparentes que nacieron sin pedir permiso a nadie ni obedecen a ningún interés político. Son tributarios de la cosmovisión mapuche porque desde allí han sacado su energía para continuar existiendo a través de la lengua hispana; y, sin embargo, matizada por el mapudungun.
Se podría pensar que son “plagios” o “apropiación cultural”, pero lejos de esa variación semántica, la crítica podrá decir, sin temor a equivocarse, que fueron escritas por alguien que viajó por todo el territorio williche y reunió todos los materiales del medio, y así terminó contribuyendo al museo de mitos y leyendas generados en cada espacio del sur. Hay quienes se vanaglorian de museos vacíos, llenos de artefactos sin espíritu; en cambio, estos relatos son sólo palabras y emociones, y están hechos de los sueños.

AREA DE INFLUENCIA CHILOTA

Hay un Día Feliz, es una reescritura del Mito de la Creación del Archipiélago de Chiloé, según la tradición mapuche-williche.
El Chancharro – cuento de raigambre ancestral – es un relato de amor y venganza que testimonia la presencia del chancharro en las inmediaciones de la Isla de Chiloé.
EL Caballito de Siete Colores – cuento de raigambre ancestral – es un cuento más elaborado donde se habla del origen de la papa y sus repercusiones sociales dentro de la comunidad.
Kintunien y la Sirenita – cuento de raigambre ancestral – nos habla de la importancia del mito y el respeto hacia la naturaleza, a pesar de su adversidad hacia la precariedad humana, para la conservación de la vida.
Los Williches Errantes – cuento de raigambre ancestral – sería el mito de las ánimas en pena, que no han traspasado el umbral de la muerte y siguen habitando los bosques, y la memoria de sus antepasados.
Kolde y el Salmón – cuento de raigambre ancestral – es un relato que no habla de los viajes y la discontinuidad de una tradición por otra que más tarde acarrea consecuencias que pueden ser nefastas o beneficiosas para una comunidad, como efecto de la apropiación cultural.
Cucao Lagos Gemelos – cuento de raigambre ancestral – relato etiológico que explica la presencia de dos lagos (Huillinco y Cucao al Interior de Chiloé); y por qué están unidos.
Los Mitos del Puente – cuento de raigambre ancestral – testimonia el viaje de iniciación de un joven que pretende ir más allá de la totalidad de su cultura.
La Huenchur, reescritura de la leyenda mapuche-williche sobre la Machi y su íntima relación con los fenómenos de la naturaleza.
Chelle – cuento de raigambre ancestral – es sobre el amor y el origen de la gaviota, como símbolo del ave más perfecta que habita en las islas del sur de Chile.
El Éxodo – cuento de raigambre ancestral – da cuenta de la influencia del mito contemporáneo por sobre los mitos ancestrales que habitan los territorios williches, en este caso, la Isla de Chiloé.
El Alcalde de Yutuy – cuento de raigambre ancestral – muestra la manipulación del poder de los caciques sobre una población arrasada por la catástrofe.
El Ánima de San Agustín – cuento de raigambre ancestral – da cuenta sobre el origen mítico de una Iglesia en un lugar donde antes no existía. Nuevamente el secretismo religioso se impone al medio…donde el mito cristiano parece dar testimonio del mítico Witranalwe.

AREA DE INFLUENCIA MAPUCHE

Los Andes – cuento de raigambre ancestral – da cuenta de la presencia del hombre andino y su persistencia en habitar la cordillera andina, a pesar de vivir en un espacio geográfico de ambientes tan variados como los lagos, los ríos y la presencia del mar, en su determinación por conquistar los espacios que parecen ser dominios de los dioses.
La Leyenda del Abuelito Wenteyao, es una reescritura del mito mapuche-williche de San Juan de La Costa en la Provincia de Osorno, donde el sincretismo religioso hispano-williche se unen para dejar en evidencia el profundo fe de ambas culturas.
Canillo, es una reescritura del mito mapuche-williche de San Juan de La Costa en la Provincia de Osorno que va unido a la presencia del Abuelito Wentwyao quién representa el Bien y Canillo sería el portador del Mal.
La Doncella de Antillanca – cuento de raigambre ancestral – es un relato que habla de la belleza y sus dificultades, pero más allá del rapto, también nos señala que la maldición se puede terminar para convertirse en otra forma de belleza en la transparencia de los paisajes del Sur.
La Niña de la Cordillera, reescritura sobre el origen de la nieve en la Cordillera de los Andes. Tópico sobre el rapto, práctica común entre los mapuches prehispánicos, y así mismo, sus mitos no podían estar ajenos a estas formas de relación.
La Araucaria, reescritura sobre el momento en que se inicia el consumo del piñón, y la continuidad de la nación mapuche.
Aylen – cuento de raigambre ancestral – el destino señalado por la machi se precipita como única señal de los acontecimientos; y, así, la seguridad del infortunio no se detiene a pesar de los esfuerzos por evadirlo.
Aukan y el Wekufe – cuento de raigambre ancestral – cuento sobre el rapto, y la maldición sobre una población femenina.
Kinturayen – cuento de raigambre ancestral – nos habla de la maldad y la bondad, la belleza y la fealdad; del adecuado conocimiento de las plantas medicinales y del peligro que ello implica cuando reina la envidia.





ACLARACIÓN:


Mi trabajo de alguna manera está relacionado con una utopía cultural que al parecer solamente los soñadores comprendemos, porque hay que profundizar en la memoria, a pesar de la vorágine por la modernidad y la fascinación por la globalización.
Mi postura no es política, a veces pienso que es más bien romántica, con todo lo que significa para un pueblo creerse el cuento de su propia cosmovisión.
Este trabajo también da cuenta de mis andanzas y mi permanencia en los diferentes sitios que comprende toda la zona de influencia williche. A menudo, los historiadores han reseñado el desplazamiento de políticos y conquistadores, guerreros y colonizadores como únicos portadores de una cultura viajera. Sin embargo, la literatura nos presenta innumerables testimonios de viajeros, que han dejado testimonio escrito: sea por carta, notas periodísticas o bitácoras de viaje.
Así comprendemos que la humanidad siempre ha estado en movimiento y que la epopeya de los relatos míticos, y picarescos, dramáticos o absurdos, viajan y se visten con el lenguaje del nuevo espacio que les toca habitar, trasmutándose en cuentos orales.
Nuestra literatura que emerge de la oralidad, parece recién creada; sin embargo, ha ido avanzando a tramos, primero con las notas de cronistas, luego con la reescritura de antropólogos y finalmente, con la presencia de poetas y escritores que han nacido dentro del amplio espacio de la etnia, lo cual entrega un aspecto más creíble a nuestra cultura. Por supuesto que el mestizaje está presente, no podía ser de otra manera, si hasta el idioma es prestado, pero más allá de la utopía, el español champurriado que hablamos es nuestra identidad y, ya no pertenece a ellos, nos hemos apropiado de su lengua y les hemos dado un tinte más latinoamericano, agregándole nuestros mitos y leyendas, nuestras costumbres y nuestra religiosidad, nuestra forma de representar la realidad y nuestros sueños. Hemos levantado un chamanto junto a los afiches en la muralla multicultural. Nuestros pintores también han hecho lo suyo y los músicos, a su vez, cada día cantan nuestros íconos que van a gritar nuestra presencia en el mundo. A pesar de las ironías, por fin hemos echado al suelo los muros de resistencia que impedían nuestro paso hacia la inserción internacional. Sabemos que hay peñis con dificultades porque sus luchas son territoriales y más tangibles por los espacios donde se levantan nuestras tradiciones.
Tal vez algunos piensen que es una lucha en la que no vale la pena meterse, pero los soñadores necesitamos recrear esos reinos, y los de la imaginación para hacer más soportable la vida; necesitamos recrear más espacios del espíritu para que el hombre moderno tenga la paz que necesita para fundar su familia, y sigan otros peñis la continuidad a la que todos tenemos derechos, más allá de que los tratados de libre comercio así los dispongan.
Al menos tengo la convicción de que la literatura está hecha de la misma materia de la luz; y que, además, exuda tanta ambigüedad como esos días abigarrados que nos hacen apreciar esa construcción mítica que es el mensaje del cielo: el arcoiris.
Si la literatura es capaz de acompañar al hombre en su viaje a través del tiempo y los espacios, entonces podré decir que estoy haciendo un trabajo que ni las guerras ni las ideologías podrán derrumbar y eso es más de lo que puede hacer un legislador, cuyos escritos siempre están expuestos a la derrota política.

HECTOR VELIZ

VIAJES POR EL TERRITORIO WILLICHE

La mayoría de mis textos están concebidos dentro del espacio williche, de manera que vendría siendo el rescate de la memoria y la continuidad histórica de los relatos ancestrales de la Nación Mapuche. Esto es para decir que también se puede crear a través de los viajes por el territorio, lejos de aquellos que pretenden hacernos creer que por realizar su trabajo bajo la hegemonía de un gobierno, sólo ellos están determinados a ser hitos en el desarrollo de una nación.
Es por eso que estos relatos, a pesar de las catástrofes y del tiempo que todo lo arrasa, traspasan la materialidad histórica y continúan existiendo; y de la misma manera que esos monumentos que ostentan el legado patrimonial de las grandes civilizaciones, nuestros relatos están hechos de la monumentalidad de sus paisajes y del material prehistórico que testimonian la continuidad y la persistencia de nuestro pueblo.
La creación y la reescritura de estos relatos dan cuenta de la totalidad cultural del mundo mapuche: la naturaleza, los animales, los lagos, las islas, los mitos que los pueblan, la presencia del hombre y la creación de las normas que regulan la supervivencia.
Son relatos simples y transparentes que nacieron sin pedir permiso a nadie ni obedecen a ningún interés político. Son tributarios de la cosmovisión mapuche porque desde allí han sacado su energía para continuar existiendo a través de la lengua hispana; y, sin embargo, matizada por el mapudungun.
Se podría pensar que son “plagios” o “apropiación cultural”, pero lejos de esa variación semántica, la crítica podrá decir, sin temor a equivocarse, que fueron escritas por alguien que viajó por todo el territorio williche y reunió todos los materiales del medio, y así terminó contribuyendo al museo de mitos y leyendas generados en cada espacio del sur. Hay quienes se vanaglorian de museos vacíos, llenos de artefactos sin espíritu; en cambio, estos relatos son sólo palabras y emociones, y están hechos de los sueños.

AREA DE INFLUENCIA CHILOTA

Hay un Día Feliz, es una reescritura del Mito de la Creación del Archipiélago de Chiloé, según la tradición mapuche-williche.
El Chancharro – cuento de raigambre ancestral – es un relato de amor y venganza que testimonia la presencia del chancharro en las inmediaciones de la Isla de Chiloé.
EL Caballito de Siete Colores – cuento de raigambre ancestral – es un cuento más elaborado donde se habla del origen de la papa y sus repercusiones sociales dentro de la comunidad.
Kintunien y la Sirenita – cuento de raigambre ancestral – nos habla de la importancia del mito y el respeto hacia la naturaleza, a pesar de su adversidad hacia la precariedad humana, para la conservación de la vida.
Los Williches Errantes – cuento de raigambre ancestral – sería el mito de las ánimas en pena, que no han traspasado el umbral de la muerte y siguen habitando los bosques, y la memoria de sus antepasados.
Kolde y el Salmón – cuento de raigambre ancestral – es un relato que no habla de los viajes y la discontinuidad de una tradición por otra que más tarde acarrea consecuencias que pueden ser nefastas o beneficiosas para una comunidad, como efecto de la apropiación cultural.
Cucao Lagos Gemelos – cuento de raigambre ancestral – relato etiológico que explica la presencia de dos lagos (Huillinco y Cucao al Interior de Chiloé); y por qué están unidos.
Los Mitos del Puente – cuento de raigambre ancestral – testimonia el viaje de iniciación de un joven que pretende ir más allá de la totalidad de su cultura.
La Huenchur, reescritura de la leyenda mapuche-williche sobre la Machi y su íntima relación con los fenómenos de la naturaleza.
Chelle – cuento de raigambre ancestral – es sobre el amor y el origen de la gaviota, como símbolo del ave más perfecta que habita en las islas del sur de Chile.
El Éxodo – cuento de raigambre ancestral – da cuenta de la influencia del mito contemporáneo por sobre los mitos ancestrales que habitan los territorios williches, en este caso, la Isla de Chiloé.
El Alcalde de Yutuy – cuento de raigambre ancestral – muestra la manipulación del poder de los caciques sobre una población arrasada por la catástrofe.
El Ánima de San Agustín – cuento de raigambre ancestral – da cuenta sobre el origen mítico de una Iglesia en un lugar donde antes no existía. Nuevamente el secretismo religioso se impone al medio…donde el mito cristiano parece dar testimonio del mítico Witranalwe.

AREA DE INFLUENCIA MAPUCHE

Los Andes – cuento de raigambre ancestral – da cuenta de la presencia del hombre andino y su persistencia en habitar la cordillera andina, a pesar de vivir en un espacio geográfico de ambientes tan variados como los lagos, los ríos y la presencia del mar, en su determinación por conquistar los espacios que parecen ser dominios de los dioses.
La Leyenda del Abuelito Wenteyao, es una reescritura del mito mapuche-williche de San Juan de La Costa en la Provincia de Osorno, donde el sincretismo religioso hispano-williche se unen para dejar en evidencia el profundo fe de ambas culturas.
Canillo, es una reescritura del mito mapuche-williche de San Juan de La Costa en la Provincia de Osorno que va unido a la presencia del Abuelito Wentwyao quién representa el Bien y Canillo sería el portador del Mal.
La Doncella de Antillanca – cuento de raigambre ancestral – es un relato que habla de la belleza y sus dificultades, pero más allá del rapto, también nos señala que la maldición se puede terminar para convertirse en otra forma de belleza en la transparencia de los paisajes del Sur.
La Niña de la Cordillera, reescritura sobre el origen de la nieve en la Cordillera de los Andes. Tópico sobre el rapto, práctica común entre los mapuches prehispánicos, y así mismo, sus mitos no podían estar ajenos a estas formas de relación.
La Araucaria, reescritura sobre el momento en que se inicia el consumo del piñón, y la continuidad de la nación mapuche.
Aylen – cuento de raigambre ancestral – el destino señalado por la machi se precipita como única señal de los acontecimientos; y, así, la seguridad del infortunio no se detiene a pesar de los esfuerzos por evadirlo.
Aukan y el Wekufe – cuento de raigambre ancestral – cuento sobre el rapto, y la maldición sobre una población femenina.
Kinturayen – cuento de raigambre ancestral – nos habla de la maldad y la bondad, la belleza y la fealdad; del adecuado conocimiento de las plantas medicinales y del peligro que ello implica cuando reina la envidia.





ACLARACIÓN:


Mi trabajo de alguna manera está relacionado con una utopía cultural que al parecer solamente los soñadores comprendemos, porque hay que profundizar en la memoria, a pesar de la vorágine por la modernidad y la fascinación por la globalización.
Mi postura no es política, a veces pienso que es más bien romántica, con todo lo que significa para un pueblo creerse el cuento de su propia cosmovisión.
Este trabajo también da cuenta de mis andanzas y mi permanencia en los diferentes sitios que comprende toda la zona de influencia williche. A menudo, los historiadores han reseñado el desplazamiento de políticos y conquistadores, guerreros y colonizadores como únicos portadores de una cultura viajera. Sin embargo, la literatura nos presenta innumerables testimonios de viajeros, que han dejado testimonio escrito: sea por carta, notas periodísticas o bitácoras de viaje.
Así comprendemos que la humanidad siempre ha estado en movimiento y que la epopeya de los relatos míticos, y picarescos, dramáticos o absurdos, viajan y se visten con el lenguaje del nuevo espacio que les toca habitar, trasmutándose en cuentos orales.
Nuestra literatura que emerge de la oralidad, parece recién creada; sin embargo, ha ido avanzando a tramos, primero con las notas de cronistas, luego con la reescritura de antropólogos y finalmente, con la presencia de poetas y escritores que han nacido dentro del amplio espacio de la etnia, lo cual entrega un aspecto más creíble a nuestra cultura. Por supuesto que el mestizaje está presente, no podía ser de otra manera, si hasta el idioma es prestado, pero más allá de la utopía, el español champurriado que hablamos es nuestra identidad y, ya no pertenece a ellos, nos hemos apropiado de su lengua y les hemos dado un tinte más latinoamericano, agregándole nuestros mitos y leyendas, nuestras costumbres y nuestra religiosidad, nuestra forma de representar la realidad y nuestros sueños. Hemos levantado un chamanto junto a los afiches en la muralla multicultural. Nuestros pintores también han hecho lo suyo y los músicos, a su vez, cada día cantan nuestros íconos que van a gritar nuestra presencia en el mundo. A pesar de las ironías, por fin hemos echado al suelo los muros de resistencia que impedían nuestro paso hacia la inserción internacional. Sabemos que hay peñis con dificultades porque sus luchas son territoriales y más tangibles por los espacios donde se levantan nuestras tradiciones.
Tal vez algunos piensen que es una lucha en la que no vale la pena meterse, pero los soñadores necesitamos recrear esos reinos, y los de la imaginación para hacer más soportable la vida; necesitamos recrear más espacios del espíritu para que el hombre moderno tenga la paz que necesita para fundar su familia, y sigan otros peñis la continuidad a la que todos tenemos derechos, más allá de que los tratados de libre comercio así los dispongan.
Al menos tengo la convicción de que la literatura está hecha de la misma materia de la luz; y que, además, exuda tanta ambigüedad como esos días abigarrados que nos hacen apreciar esa construcción mítica que es el mensaje del cielo: el arcoiris.
Si la literatura es capaz de acompañar al hombre en su viaje a través del tiempo y los espacios, entonces podré decir que estoy haciendo un trabajo que ni las guerras ni las ideologías podrán derrumbar y eso es más de lo que puede hacer un legislador, cuyos escritos siempre están expuestos a la derrota política.

HECTOR VELIZ