miércoles, 9 de junio de 2010

LA PRUEBA DE LA TRAGEDIA

Estoy visitando Valdivia…hace más de 25 años estuve de paso por esta ciudad. Entonces me pareció una comunidad donde abundaba una población de origen campesino, trabajadores ocasionales y bandidos que buscaban continuar al sur, tal vez en busca de una paz que no era posible, en tiempos de dictadura, en el Santiago de Chile de entonces, donde finalmente arribaban a sus poblaciones cada uno de los desplazados de provincia. Hoy, después del Gobierno de la Concertación, la ciudad me parece más extendida, pero de alguna manera, más introvertida. La extroversión la ponen los universitarios, que dicha sea la verdad, están de paso, mientras dura el período de formación; quedando la ciudad con sus habitantes estables desde la época del terremoto; vale decir, una generación diezmada que aún sobrevive en los cuerpos de los ancianos mayores de 60 años, herederos de la tragedia que los marcó de tal manera que parecen allegados en la gran ciudad provinciana, que se mantuvo relegada por la Administración de la Región de los Lagos, hasta que logró la separación, convirtiéndose en la actual Capital Regional. Pero pareciera que aún no logra su despegue económico, para recuperar su antigua estirpe de ciudad principal desde la época de la Colonia. Los grandes negocios que hicieron de la ciudad una de las más pujantes del sur de Chile, después del cataclismo, huyeron junto con la fortuna de los comerciantes que buscaron espacios más seguros donde establecer sus negocios; quedando en la ciudad sólo los más pobres y aquellos que no quisieron abandonar lo poco que les quedó en una ciudad que entonces, se veía amenazada por la inundación del lago Riñihue, la que finalmente fue contenida, permitiendo la permanencia de la población y las instalaciones que permitieron su continuidad histórica.
El dictador y los políticos nunca quisieron a la provincia de Valdivia y sus alrededores; tal vez la presencia de los alemanes, mimados por la política colonizadora, les alejaba de la demagogia ejercida sobre el resto de las poblaciones. Históricamente tuvo característica de zona fronteriza y los conflictos se mantuvieron a baja intensidad.
Tal vez la presencia de grandes fundos, donde el voto era cautivo, no haya dejado espacio a los políticos para maniobrar con sus ideologías; luego, el letargo de la dictadura y posteriormente la llegada de la democracia no cambió mucho el rostro de la ciudad, que como todas las ciudades chilenas, posee sus barrios elegantes y poblaciones marginales, sus barrios de clase obrera y media casi inexistente.
La carestía que se puede apreciar en el comercio se debe a que la ciudad está sitiada comercialmente por los supermercados y las grandes tiendas, donde es posible encontrar, paradójicamente, precios más baratos. Esto va para los artículos de comestibles, línea blanca y otros servicios. Las concurridas ferias libres que son una tradición en las grandes ciudades, aquí son prácticamente nulas y si las hay, la escasez de ofertas y diversidad de productos campesino hacen que parezcan inexistentes. No hay un poder oferente en la población como en el resto de las ciudades, donde las ferias libres son de una diversidad que arrastran a la población ávida de compras en forma permanente. Todo el espíritu emprendedor de la población que se ve en el resto de las ciudades del tamaño de la ciudad de Valdivia, aquí pareciera estar apabullada por las secuelas del viejo cataclismo que aún se recuerda en la ciudad como una gesta heroica sobre la naturaleza. Realmente lo fue; sin embargo, la ciudad nunca volvió a ser la misma, según recuerdan los antiguos habitantes de esta hermosa ciudad, que aún resiste junto al Río Calle-Calle, el que como en los viejos tiempos, aún pareciera alimentarlo, esta vez, a través de la intensa actividad turística durante la época estival que se desarrolla principalmente en la cercana localidad de Niebla, la cual ha sido con-urbanizada. Actualmente la ciudad ostenta la UACH, una de las mejores universidades del sur de Chile que le da vida y la hace soñar; sin embargo, aún sigue durmiendo…espero que la energía que acumule de ese letargo, lo haga levantarse y no se deje dominar ni por los avatares políticos ni por los cataclismos, que en Chile son más devastadores cuando se hacen presente en las ciudades.

Héctor Véliz
Junio, 2010