martes, 7 de diciembre de 2010

Presentación del libro : La Gran Construcción del Puente de Chacao

Me ha pedido usted un comentario respecto al texto La Gran Construcción del Puente de Chacao del señor Héctor Véliz Pérez-Millán, literato chilote. Dicha obra la he percibido de la siguiente manera:
1ero.: Este autor, en términos esenciales, posee sentido innato de la ironía, desde luego, sin llegar al sarcasmo. Lo suyo opera a nivel de ideas. Tiene tacto; en otras palabras, dosifica extraordinariamente bien su veta irónica, de tal forma que está lejos de saturar.
Es destacable la enorme facilidad que tiene para abordar temas complejos sin mayor esfuerzo aparente. Su tono es conversacional e intimista, otorgándole un toque de humanidad a su relato, cualidad un tanto escasa en estos días.
2do.: En lo personal, conozco de cerca destacados literatos de Chiloé y me doy cuenta perfectamente de que el señor Héctor Véliz le hace honor a la tradición y calidad de los artistas de la palabra insulares como Sonia Caicheo, Oscar Galindo, Rosabety Muñoz o Sergio Mansilla, escritores connotados que mantienen el fuego sagrado de la “poiesis” (Entendida en su sentido griego original, vale decir, “creación”).
3ro.: He disfrutado la prosa de este literato sureño. Atrapa su estilo sereno e incisivo a la vez. Por otra parte aborda una temática contingente, desde su punto de vista desencantadora, negativa, con real altura de miras, sin el acostumbrado dejo de resentimiento. Tampoco cae en la tentación de ser “políticamente correcto”. Dice lo suyo sin tapujos. Léase el siguiente fragmento: “Según los doctores de ciencias políticas, las grandes construcciones requieren grandes sacrificios sociales y en nombre de esta fábula, todos los crímenes se justifican porque la epopeya en su marcha forzada engrandece el espíritu humano”. Defiende sus raíces huilliches sin caer en el panfleto, la fórmula fácil o efectismos trasnochados. La construcción de una obra de ingeniería de semejante envergadura, en el caso de la Isla de Chiloé, significa un corte con sus lazos filiales, primordiales para miles de seres humanos. Lo atávico suele ser arrasado; sin embargo, el peso de la historia termina por hacer resurgir gritos donde sólo habitan espectros, en el mejor de los casos. Es didáctico, además, el señor Héctor Véliz Pérez-Millán.
4to.: Como decía un prócer de las letras “Conoce bien tu aldea y serás universal”: a mi juicio, dicho enunciado sintetiza un aspecto determinante en Héctor Véliz Pérez-Millán. Su Obra podrá contener tópicos locales, perdidos en una de las zonas más australes del mundo, pero los tipos literarios que desfilan en algunos episodios, como por ejemplo en “Algo va a pasar” son definitivamente una muestra clarísima de lo anteriormente afirmado, a prueba de fronteras y prejuicios.
Aunque por derroteros distintos, asocio la temática y la actitud artística de este creador con figuras tan dispares entre sí como el español decimonónico Mariano José de Larra, al maestro ginebrino, pero de cultura francesa Voltaire; los chilenos Manuel Rojas y Joaquín Edward Bello o el colombiano Gabriel García Márquez. De este último, veo una feliz coincidencia en la manera de jugar con el lenguaje. Pese al formato (narrativa), el autor tiene una enorme facilidad para la prosa poética. Le aflora inevitablemente. Felizmente.




Giovanni Novoa
Profesor de Lenguaje y Comunicación
Alianza Francesa de Osorno
Encargado Nacional de Lenguaje y Comunicación
Sociedad Educacional la Araucana.

miércoles, 25 de agosto de 2010

VIAJES POR EL TERRITORIO WILLICHE

La mayoría de mis textos están concebidos dentro del espacio williche, de manera que vendría siendo el rescate de la memoria y la continuidad histórica de los relatos ancestrales de la Nación Mapuche. Esto es para decir que también se puede crear a través de los viajes por el territorio, lejos de aquellos que pretenden hacernos creer que por realizar su trabajo bajo la hegemonía de un gobierno, sólo ellos están determinados a ser hitos en el desarrollo de una nación.
Es por eso que estos relatos, a pesar de las catástrofes y del tiempo que todo lo arrasa, traspasan la materialidad histórica y continúan existiendo; y de la misma manera que esos monumentos que ostentan el legado patrimonial de las grandes civilizaciones, nuestros relatos están hechos de la monumentalidad de sus paisajes y del material prehistórico que testimonian la continuidad y la persistencia de nuestro pueblo.
La creación y la reescritura de estos relatos dan cuenta de la totalidad cultural del mundo mapuche: la naturaleza, los animales, los lagos, las islas, los mitos que los pueblan, la presencia del hombre y la creación de las normas que regulan la supervivencia.
Son relatos simples y transparentes que nacieron sin pedir permiso a nadie ni obedecen a ningún interés político. Son tributarios de la cosmovisión mapuche porque desde allí han sacado su energía para continuar existiendo a través de la lengua hispana; y, sin embargo, matizada por el mapudungun.
Se podría pensar que son “plagios” o “apropiación cultural”, pero lejos de esa variación semántica, la crítica podrá decir, sin temor a equivocarse, que fueron escritas por alguien que viajó por todo el territorio williche y reunió todos los materiales del medio, y así terminó contribuyendo al museo de mitos y leyendas generados en cada espacio del sur. Hay quienes se vanaglorian de museos vacíos, llenos de artefactos sin espíritu; en cambio, estos relatos son sólo palabras y emociones, y están hechos de los sueños.

AREA DE INFLUENCIA CHILOTA

Hay un Día Feliz, es una reescritura del Mito de la Creación del Archipiélago de Chiloé, según la tradición mapuche-williche.
El Chancharro – cuento de raigambre ancestral – es un relato de amor y venganza que testimonia la presencia del chancharro en las inmediaciones de la Isla de Chiloé.
EL Caballito de Siete Colores – cuento de raigambre ancestral – es un cuento más elaborado donde se habla del origen de la papa y sus repercusiones sociales dentro de la comunidad.
Kintunien y la Sirenita – cuento de raigambre ancestral – nos habla de la importancia del mito y el respeto hacia la naturaleza, a pesar de su adversidad hacia la precariedad humana, para la conservación de la vida.
Los Williches Errantes – cuento de raigambre ancestral – sería el mito de las ánimas en pena, que no han traspasado el umbral de la muerte y siguen habitando los bosques, y la memoria de sus antepasados.
Kolde y el Salmón – cuento de raigambre ancestral – es un relato que no habla de los viajes y la discontinuidad de una tradición por otra que más tarde acarrea consecuencias que pueden ser nefastas o beneficiosas para una comunidad, como efecto de la apropiación cultural.
Cucao Lagos Gemelos – cuento de raigambre ancestral – relato etiológico que explica la presencia de dos lagos (Huillinco y Cucao al Interior de Chiloé); y por qué están unidos.
Los Mitos del Puente – cuento de raigambre ancestral – testimonia el viaje de iniciación de un joven que pretende ir más allá de la totalidad de su cultura.
La Huenchur, reescritura de la leyenda mapuche-williche sobre la Machi y su íntima relación con los fenómenos de la naturaleza.
Chelle – cuento de raigambre ancestral – es sobre el amor y el origen de la gaviota, como símbolo del ave más perfecta que habita en las islas del sur de Chile.
El Éxodo – cuento de raigambre ancestral – da cuenta de la influencia del mito contemporáneo por sobre los mitos ancestrales que habitan los territorios williches, en este caso, la Isla de Chiloé.
El Alcalde de Yutuy – cuento de raigambre ancestral – muestra la manipulación del poder de los caciques sobre una población arrasada por la catástrofe.
El Ánima de San Agustín – cuento de raigambre ancestral – da cuenta sobre el origen mítico de una Iglesia en un lugar donde antes no existía. Nuevamente el secretismo religioso se impone al medio…donde el mito cristiano parece dar testimonio del mítico Witranalwe.

AREA DE INFLUENCIA MAPUCHE

Los Andes – cuento de raigambre ancestral – da cuenta de la presencia del hombre andino y su persistencia en habitar la cordillera andina, a pesar de vivir en un espacio geográfico de ambientes tan variados como los lagos, los ríos y la presencia del mar, en su determinación por conquistar los espacios que parecen ser dominios de los dioses.
La Leyenda del Abuelito Wenteyao, es una reescritura del mito mapuche-williche de San Juan de La Costa en la Provincia de Osorno, donde el sincretismo religioso hispano-williche se unen para dejar en evidencia el profundo fe de ambas culturas.
Canillo, es una reescritura del mito mapuche-williche de San Juan de La Costa en la Provincia de Osorno que va unido a la presencia del Abuelito Wentwyao quién representa el Bien y Canillo sería el portador del Mal.
La Doncella de Antillanca – cuento de raigambre ancestral – es un relato que habla de la belleza y sus dificultades, pero más allá del rapto, también nos señala que la maldición se puede terminar para convertirse en otra forma de belleza en la transparencia de los paisajes del Sur.
La Niña de la Cordillera, reescritura sobre el origen de la nieve en la Cordillera de los Andes. Tópico sobre el rapto, práctica común entre los mapuches prehispánicos, y así mismo, sus mitos no podían estar ajenos a estas formas de relación.
La Araucaria, reescritura sobre el momento en que se inicia el consumo del piñón, y la continuidad de la nación mapuche.
Aylen – cuento de raigambre ancestral – el destino señalado por la machi se precipita como única señal de los acontecimientos; y, así, la seguridad del infortunio no se detiene a pesar de los esfuerzos por evadirlo.
Aukan y el Wekufe – cuento de raigambre ancestral – cuento sobre el rapto, y la maldición sobre una población femenina.
Kinturayen – cuento de raigambre ancestral – nos habla de la maldad y la bondad, la belleza y la fealdad; del adecuado conocimiento de las plantas medicinales y del peligro que ello implica cuando reina la envidia.





ACLARACIÓN:


Mi trabajo de alguna manera está relacionado con una utopía cultural que al parecer solamente los soñadores comprendemos, porque hay que profundizar en la memoria, a pesar de la vorágine por la modernidad y la fascinación por la globalización.
Mi postura no es política, a veces pienso que es más bien romántica, con todo lo que significa para un pueblo creerse el cuento de su propia cosmovisión.
Este trabajo también da cuenta de mis andanzas y mi permanencia en los diferentes sitios que comprende toda la zona de influencia williche. A menudo, los historiadores han reseñado el desplazamiento de políticos y conquistadores, guerreros y colonizadores como únicos portadores de una cultura viajera. Sin embargo, la literatura nos presenta innumerables testimonios de viajeros, que han dejado testimonio escrito: sea por carta, notas periodísticas o bitácoras de viaje.
Así comprendemos que la humanidad siempre ha estado en movimiento y que la epopeya de los relatos míticos, y picarescos, dramáticos o absurdos, viajan y se visten con el lenguaje del nuevo espacio que les toca habitar, trasmutándose en cuentos orales.
Nuestra literatura que emerge de la oralidad, parece recién creada; sin embargo, ha ido avanzando a tramos, primero con las notas de cronistas, luego con la reescritura de antropólogos y finalmente, con la presencia de poetas y escritores que han nacido dentro del amplio espacio de la etnia, lo cual entrega un aspecto más creíble a nuestra cultura. Por supuesto que el mestizaje está presente, no podía ser de otra manera, si hasta el idioma es prestado, pero más allá de la utopía, el español champurriado que hablamos es nuestra identidad y, ya no pertenece a ellos, nos hemos apropiado de su lengua y les hemos dado un tinte más latinoamericano, agregándole nuestros mitos y leyendas, nuestras costumbres y nuestra religiosidad, nuestra forma de representar la realidad y nuestros sueños. Hemos levantado un chamanto junto a los afiches en la muralla multicultural. Nuestros pintores también han hecho lo suyo y los músicos, a su vez, cada día cantan nuestros íconos que van a gritar nuestra presencia en el mundo. A pesar de las ironías, por fin hemos echado al suelo los muros de resistencia que impedían nuestro paso hacia la inserción internacional. Sabemos que hay peñis con dificultades porque sus luchas son territoriales y más tangibles por los espacios donde se levantan nuestras tradiciones.
Tal vez algunos piensen que es una lucha en la que no vale la pena meterse, pero los soñadores necesitamos recrear esos reinos, y los de la imaginación para hacer más soportable la vida; necesitamos recrear más espacios del espíritu para que el hombre moderno tenga la paz que necesita para fundar su familia, y sigan otros peñis la continuidad a la que todos tenemos derechos, más allá de que los tratados de libre comercio así los dispongan.
Al menos tengo la convicción de que la literatura está hecha de la misma materia de la luz; y que, además, exuda tanta ambigüedad como esos días abigarrados que nos hacen apreciar esa construcción mítica que es el mensaje del cielo: el arcoiris.
Si la literatura es capaz de acompañar al hombre en su viaje a través del tiempo y los espacios, entonces podré decir que estoy haciendo un trabajo que ni las guerras ni las ideologías podrán derrumbar y eso es más de lo que puede hacer un legislador, cuyos escritos siempre están expuestos a la derrota política.

HECTOR VELIZ

VIAJES POR EL TERRITORIO WILLICHE

La mayoría de mis textos están concebidos dentro del espacio williche, de manera que vendría siendo el rescate de la memoria y la continuidad histórica de los relatos ancestrales de la Nación Mapuche. Esto es para decir que también se puede crear a través de los viajes por el territorio, lejos de aquellos que pretenden hacernos creer que por realizar su trabajo bajo la hegemonía de un gobierno, sólo ellos están determinados a ser hitos en el desarrollo de una nación.
Es por eso que estos relatos, a pesar de las catástrofes y del tiempo que todo lo arrasa, traspasan la materialidad histórica y continúan existiendo; y de la misma manera que esos monumentos que ostentan el legado patrimonial de las grandes civilizaciones, nuestros relatos están hechos de la monumentalidad de sus paisajes y del material prehistórico que testimonian la continuidad y la persistencia de nuestro pueblo.
La creación y la reescritura de estos relatos dan cuenta de la totalidad cultural del mundo mapuche: la naturaleza, los animales, los lagos, las islas, los mitos que los pueblan, la presencia del hombre y la creación de las normas que regulan la supervivencia.
Son relatos simples y transparentes que nacieron sin pedir permiso a nadie ni obedecen a ningún interés político. Son tributarios de la cosmovisión mapuche porque desde allí han sacado su energía para continuar existiendo a través de la lengua hispana; y, sin embargo, matizada por el mapudungun.
Se podría pensar que son “plagios” o “apropiación cultural”, pero lejos de esa variación semántica, la crítica podrá decir, sin temor a equivocarse, que fueron escritas por alguien que viajó por todo el territorio williche y reunió todos los materiales del medio, y así terminó contribuyendo al museo de mitos y leyendas generados en cada espacio del sur. Hay quienes se vanaglorian de museos vacíos, llenos de artefactos sin espíritu; en cambio, estos relatos son sólo palabras y emociones, y están hechos de los sueños.

AREA DE INFLUENCIA CHILOTA

Hay un Día Feliz, es una reescritura del Mito de la Creación del Archipiélago de Chiloé, según la tradición mapuche-williche.
El Chancharro – cuento de raigambre ancestral – es un relato de amor y venganza que testimonia la presencia del chancharro en las inmediaciones de la Isla de Chiloé.
EL Caballito de Siete Colores – cuento de raigambre ancestral – es un cuento más elaborado donde se habla del origen de la papa y sus repercusiones sociales dentro de la comunidad.
Kintunien y la Sirenita – cuento de raigambre ancestral – nos habla de la importancia del mito y el respeto hacia la naturaleza, a pesar de su adversidad hacia la precariedad humana, para la conservación de la vida.
Los Williches Errantes – cuento de raigambre ancestral – sería el mito de las ánimas en pena, que no han traspasado el umbral de la muerte y siguen habitando los bosques, y la memoria de sus antepasados.
Kolde y el Salmón – cuento de raigambre ancestral – es un relato que no habla de los viajes y la discontinuidad de una tradición por otra que más tarde acarrea consecuencias que pueden ser nefastas o beneficiosas para una comunidad, como efecto de la apropiación cultural.
Cucao Lagos Gemelos – cuento de raigambre ancestral – relato etiológico que explica la presencia de dos lagos (Huillinco y Cucao al Interior de Chiloé); y por qué están unidos.
Los Mitos del Puente – cuento de raigambre ancestral – testimonia el viaje de iniciación de un joven que pretende ir más allá de la totalidad de su cultura.
La Huenchur, reescritura de la leyenda mapuche-williche sobre la Machi y su íntima relación con los fenómenos de la naturaleza.
Chelle – cuento de raigambre ancestral – es sobre el amor y el origen de la gaviota, como símbolo del ave más perfecta que habita en las islas del sur de Chile.
El Éxodo – cuento de raigambre ancestral – da cuenta de la influencia del mito contemporáneo por sobre los mitos ancestrales que habitan los territorios williches, en este caso, la Isla de Chiloé.
El Alcalde de Yutuy – cuento de raigambre ancestral – muestra la manipulación del poder de los caciques sobre una población arrasada por la catástrofe.
El Ánima de San Agustín – cuento de raigambre ancestral – da cuenta sobre el origen mítico de una Iglesia en un lugar donde antes no existía. Nuevamente el secretismo religioso se impone al medio…donde el mito cristiano parece dar testimonio del mítico Witranalwe.

AREA DE INFLUENCIA MAPUCHE

Los Andes – cuento de raigambre ancestral – da cuenta de la presencia del hombre andino y su persistencia en habitar la cordillera andina, a pesar de vivir en un espacio geográfico de ambientes tan variados como los lagos, los ríos y la presencia del mar, en su determinación por conquistar los espacios que parecen ser dominios de los dioses.
La Leyenda del Abuelito Wenteyao, es una reescritura del mito mapuche-williche de San Juan de La Costa en la Provincia de Osorno, donde el sincretismo religioso hispano-williche se unen para dejar en evidencia el profundo fe de ambas culturas.
Canillo, es una reescritura del mito mapuche-williche de San Juan de La Costa en la Provincia de Osorno que va unido a la presencia del Abuelito Wentwyao quién representa el Bien y Canillo sería el portador del Mal.
La Doncella de Antillanca – cuento de raigambre ancestral – es un relato que habla de la belleza y sus dificultades, pero más allá del rapto, también nos señala que la maldición se puede terminar para convertirse en otra forma de belleza en la transparencia de los paisajes del Sur.
La Niña de la Cordillera, reescritura sobre el origen de la nieve en la Cordillera de los Andes. Tópico sobre el rapto, práctica común entre los mapuches prehispánicos, y así mismo, sus mitos no podían estar ajenos a estas formas de relación.
La Araucaria, reescritura sobre el momento en que se inicia el consumo del piñón, y la continuidad de la nación mapuche.
Aylen – cuento de raigambre ancestral – el destino señalado por la machi se precipita como única señal de los acontecimientos; y, así, la seguridad del infortunio no se detiene a pesar de los esfuerzos por evadirlo.
Aukan y el Wekufe – cuento de raigambre ancestral – cuento sobre el rapto, y la maldición sobre una población femenina.
Kinturayen – cuento de raigambre ancestral – nos habla de la maldad y la bondad, la belleza y la fealdad; del adecuado conocimiento de las plantas medicinales y del peligro que ello implica cuando reina la envidia.





ACLARACIÓN:


Mi trabajo de alguna manera está relacionado con una utopía cultural que al parecer solamente los soñadores comprendemos, porque hay que profundizar en la memoria, a pesar de la vorágine por la modernidad y la fascinación por la globalización.
Mi postura no es política, a veces pienso que es más bien romántica, con todo lo que significa para un pueblo creerse el cuento de su propia cosmovisión.
Este trabajo también da cuenta de mis andanzas y mi permanencia en los diferentes sitios que comprende toda la zona de influencia williche. A menudo, los historiadores han reseñado el desplazamiento de políticos y conquistadores, guerreros y colonizadores como únicos portadores de una cultura viajera. Sin embargo, la literatura nos presenta innumerables testimonios de viajeros, que han dejado testimonio escrito: sea por carta, notas periodísticas o bitácoras de viaje.
Así comprendemos que la humanidad siempre ha estado en movimiento y que la epopeya de los relatos míticos, y picarescos, dramáticos o absurdos, viajan y se visten con el lenguaje del nuevo espacio que les toca habitar, trasmutándose en cuentos orales.
Nuestra literatura que emerge de la oralidad, parece recién creada; sin embargo, ha ido avanzando a tramos, primero con las notas de cronistas, luego con la reescritura de antropólogos y finalmente, con la presencia de poetas y escritores que han nacido dentro del amplio espacio de la etnia, lo cual entrega un aspecto más creíble a nuestra cultura. Por supuesto que el mestizaje está presente, no podía ser de otra manera, si hasta el idioma es prestado, pero más allá de la utopía, el español champurriado que hablamos es nuestra identidad y, ya no pertenece a ellos, nos hemos apropiado de su lengua y les hemos dado un tinte más latinoamericano, agregándole nuestros mitos y leyendas, nuestras costumbres y nuestra religiosidad, nuestra forma de representar la realidad y nuestros sueños. Hemos levantado un chamanto junto a los afiches en la muralla multicultural. Nuestros pintores también han hecho lo suyo y los músicos, a su vez, cada día cantan nuestros íconos que van a gritar nuestra presencia en el mundo. A pesar de las ironías, por fin hemos echado al suelo los muros de resistencia que impedían nuestro paso hacia la inserción internacional. Sabemos que hay peñis con dificultades porque sus luchas son territoriales y más tangibles por los espacios donde se levantan nuestras tradiciones.
Tal vez algunos piensen que es una lucha en la que no vale la pena meterse, pero los soñadores necesitamos recrear esos reinos, y los de la imaginación para hacer más soportable la vida; necesitamos recrear más espacios del espíritu para que el hombre moderno tenga la paz que necesita para fundar su familia, y sigan otros peñis la continuidad a la que todos tenemos derechos, más allá de que los tratados de libre comercio así los dispongan.
Al menos tengo la convicción de que la literatura está hecha de la misma materia de la luz; y que, además, exuda tanta ambigüedad como esos días abigarrados que nos hacen apreciar esa construcción mítica que es el mensaje del cielo: el arcoiris.
Si la literatura es capaz de acompañar al hombre en su viaje a través del tiempo y los espacios, entonces podré decir que estoy haciendo un trabajo que ni las guerras ni las ideologías podrán derrumbar y eso es más de lo que puede hacer un legislador, cuyos escritos siempre están expuestos a la derrota política.

HECTOR VELIZ

lunes, 26 de julio de 2010

EL CINE REX Y ENNIO MORRICONE

La música de CINEMA PARADISO nos hace recordar los primeros años del CINE REX donde la juventud, las familias y los novios se reunían cada atardecer o los fines de semanas para ver alguna película en la ciudad de Castro por allá en los años locos del rock and roll.
Cuando sólo existía el radioteatro y estaban en boga las historietas, ir al cine era de la máxima elegancia, pues, la escasez de dinero en la población era tan endémica, que solamente los más acaudalados podían darse el lujo de asistir en forma regular al cine.
En ese aspecto, esa posibilidad nunca estuvo fuera de mi alcance y si se puede hablar de privilegios al respecto, puedo asegurar que tuve la felicidad de asistir a casi la mayoría de las proyecciones que se dieron en ese teatro, que pertenecía a Luis Jiménez Pérez, quien era un personaje de leyenda en la ciudad
La primera vez que fui al cine fue de la mano de las tías del Jardín Infantil que había cerca de nuestra casa. Creo que fue alguna película de DISNEY; pero más tarde habría otras, como Las veinte mil leguas de viaje submarino, El bueno, el malo y el feo, etc.
Recuerdo que en mi barrio había un joven, quien también se llamaba Lucho, con él solíamos ir al cine muy a menudo. Era un adolescente, pero tenía la costumbre de no asistir solo al centro de la ciudad, pues, era un autista que siempre salía a la misma hora, pasaba por las mismas calles y solamente se hacía acompañar por chicos menores de 10 años, de manera que sus acompañantes al sobrepasar ese límite de edad, inmediatamente quedaban descartado de ser invitado por su madre, pues, las entradas la financiaba ella por acompañar a su hijo, quién se rehusaba caminar al centro de la pequeña ciudad sin compañía.
Más tarde, me hice amigo del portero del teatro, quien me dejaba entrar por cansancio porque desde el primer momento, cuando comenzaban a vender las taquillas, le pedía que me dejara entrar…
Un día agotado de tanto hostigamiento, me desafió y me dijo que si convencía al dueño del cine para que me deje entrar, me permitiría la pasada los fines de semana.
Luis Jiménez, esa misma tarde descendió de un enorme buick celeste y yo corrí a su encuentro; y, le pedí entonces que me dejara entrar a ver la película, Los buenos muchachos. Me preguntó que quién era yo para pedirle eso; le conté, entre otras cosas que quería ser escritor. El viejo me creyó y a partir de entonces, nunca tuve necesidad de dinero para entrar al cine. El portero no lo podía creer, pero el mismísimo dueño del CINE REX le dijo que me deje entrar gratis cuando se lo pidiera. Después de muchos años, cuando encontré al portero, aún se acordaba de esa tarde cuando le gané la mano por partida doble hasta que cerraron el cine para el golpe de Estado.
En la casa, porque en ese tiempo no existían los televisores, me convertí en el relator de las películas que solía ver. Recuerdo que me gané pronto la fama de mentiroso y fabulador, que aún me persigue, pues, empecé con mi familia y luego continué en el TALLER DE LITERATURA AUMEN. Nunca me interesó ser poeta, sólo quería ser aceptado por los intelectuales y por lo escribían, pero lo que más leía eran relatos, cuentos, crónicas y novelas; es decir, quería ser un escritor, tal vez como esos personajes de las películas que vivían al truco, con un futuro también incierto. Pero más allá de la literatura, quería vivir la aventura de los personajes. Lo que quiero decir, es que el arte influyó mucho en mi vida, a través del cine y la literatura. Tal vez por eso, mis cuentos, según algunos, son cinematográficos, porque tienen las imágenes necesarias para visualizar la esencia de los relatos.
El cine me hizo apreciar un relato que más tarde encontraría en El viaje a la semilla, pues, en esos días de cine, el proyectista era el Señor Alberto Castillo, del cual también me hice amigo por mi licencia para ingresar gratis al cine. Él a veces llegaba tarde o con algo de tragos en el cuerpo, y echaba a andar la máquina. En una de esas, pasó una cinta al revés y la gente salió impresionadísima por la película de esa noche, y fue tanta la conmoción, que mi hermano, que había visto la proyección, nos llamó a todos y nos contó una historia al revés. No le creíamos que se podía filmar una película al revés, pero él aseguró que efectivamente, los directores de cine, por cierto, el de aquella película, sí lo había hecho. Más tarde aprendería un término literario para ese fenómeno: Surrealismo.
Por supuesto que eran los inicios del cine en nuestra ciudad y todos los elementos nuevos del cine, los personajes y las comedias que el cine transporta, también eran objetos de comentarios en nuestra casa. El mundo que percibíamos lejano, nos parecía maravilloso y patético al mismo tiempo. Eran los años del CIRCO DE LAS ÁGUILAS HUMANAS y los PARQUES DE DIVERSIONES que viajaban de ciudad en ciudad llevando diversión a la gente. Como solían llegar en los veranos, la mayoría de los chicos pasábamos días enteros en aquellos centros de diversión.
Por eso, ENNIO MORRICONE, a parte de sus intervenciones en las muchas películas que vimos cuando niño, nos lleva de regreso a esos días, cuando las ideologías parecían estar en la conciencia de la gente, como un nuevo evangelio para la redención y la felicidad de los más necesitados y de aquellos que aún sobrevivían a la tragedia del terremoto del año 60.
Por eso, cuando llegó el toque de queda en la ciudad, el cine, y demás centros de recreación, e incluso los parques de diversiones y los circos, desaparecieron por una larga temporada de nuestras vidas. Sin embargo habían quedado en nuestra memoria aquellos años maravillosos del cine que nunca más volvería a abrir sus puertas para nuestra curiosidad.
Sin embargo, ENNIO MORRICONE, se las ingenió para seguir acompañándonos en las películas clásicas del cine italiano que llegaba a nuestras casas a través de la televisión.
Por supuesto el CINE REX, se mantuvo cerrado como si esperara nuevos tiempos para volver a sus años dorados, pero la historia había cambiado para siempre y el viejo teatro finalmente fue tomado por los gobiernos de la Concertación para convertirse en un Centro Cultural posteriormente manejados por las ideologías de turno.
El viejo CINE REX no corrió la misma suerte que CINEMA PARADISO, pero fue el teatro de muchos recuerdos que aún nos sensibilizan cuando escuchamos las melodías de ENNIO MORRICONE.

hectorvelizpm

miércoles, 9 de junio de 2010

LA PRUEBA DE LA TRAGEDIA

Estoy visitando Valdivia…hace más de 25 años estuve de paso por esta ciudad. Entonces me pareció una comunidad donde abundaba una población de origen campesino, trabajadores ocasionales y bandidos que buscaban continuar al sur, tal vez en busca de una paz que no era posible, en tiempos de dictadura, en el Santiago de Chile de entonces, donde finalmente arribaban a sus poblaciones cada uno de los desplazados de provincia. Hoy, después del Gobierno de la Concertación, la ciudad me parece más extendida, pero de alguna manera, más introvertida. La extroversión la ponen los universitarios, que dicha sea la verdad, están de paso, mientras dura el período de formación; quedando la ciudad con sus habitantes estables desde la época del terremoto; vale decir, una generación diezmada que aún sobrevive en los cuerpos de los ancianos mayores de 60 años, herederos de la tragedia que los marcó de tal manera que parecen allegados en la gran ciudad provinciana, que se mantuvo relegada por la Administración de la Región de los Lagos, hasta que logró la separación, convirtiéndose en la actual Capital Regional. Pero pareciera que aún no logra su despegue económico, para recuperar su antigua estirpe de ciudad principal desde la época de la Colonia. Los grandes negocios que hicieron de la ciudad una de las más pujantes del sur de Chile, después del cataclismo, huyeron junto con la fortuna de los comerciantes que buscaron espacios más seguros donde establecer sus negocios; quedando en la ciudad sólo los más pobres y aquellos que no quisieron abandonar lo poco que les quedó en una ciudad que entonces, se veía amenazada por la inundación del lago Riñihue, la que finalmente fue contenida, permitiendo la permanencia de la población y las instalaciones que permitieron su continuidad histórica.
El dictador y los políticos nunca quisieron a la provincia de Valdivia y sus alrededores; tal vez la presencia de los alemanes, mimados por la política colonizadora, les alejaba de la demagogia ejercida sobre el resto de las poblaciones. Históricamente tuvo característica de zona fronteriza y los conflictos se mantuvieron a baja intensidad.
Tal vez la presencia de grandes fundos, donde el voto era cautivo, no haya dejado espacio a los políticos para maniobrar con sus ideologías; luego, el letargo de la dictadura y posteriormente la llegada de la democracia no cambió mucho el rostro de la ciudad, que como todas las ciudades chilenas, posee sus barrios elegantes y poblaciones marginales, sus barrios de clase obrera y media casi inexistente.
La carestía que se puede apreciar en el comercio se debe a que la ciudad está sitiada comercialmente por los supermercados y las grandes tiendas, donde es posible encontrar, paradójicamente, precios más baratos. Esto va para los artículos de comestibles, línea blanca y otros servicios. Las concurridas ferias libres que son una tradición en las grandes ciudades, aquí son prácticamente nulas y si las hay, la escasez de ofertas y diversidad de productos campesino hacen que parezcan inexistentes. No hay un poder oferente en la población como en el resto de las ciudades, donde las ferias libres son de una diversidad que arrastran a la población ávida de compras en forma permanente. Todo el espíritu emprendedor de la población que se ve en el resto de las ciudades del tamaño de la ciudad de Valdivia, aquí pareciera estar apabullada por las secuelas del viejo cataclismo que aún se recuerda en la ciudad como una gesta heroica sobre la naturaleza. Realmente lo fue; sin embargo, la ciudad nunca volvió a ser la misma, según recuerdan los antiguos habitantes de esta hermosa ciudad, que aún resiste junto al Río Calle-Calle, el que como en los viejos tiempos, aún pareciera alimentarlo, esta vez, a través de la intensa actividad turística durante la época estival que se desarrolla principalmente en la cercana localidad de Niebla, la cual ha sido con-urbanizada. Actualmente la ciudad ostenta la UACH, una de las mejores universidades del sur de Chile que le da vida y la hace soñar; sin embargo, aún sigue durmiendo…espero que la energía que acumule de ese letargo, lo haga levantarse y no se deje dominar ni por los avatares políticos ni por los cataclismos, que en Chile son más devastadores cuando se hacen presente en las ciudades.

Héctor Véliz
Junio, 2010

lunes, 29 de marzo de 2010

EL TERREMOTO Y EL MITO

miércoles 10 de marzo de 2010

EL TERREMOTO Y EL MITO
La historia oficial nos habla de cataclismos, y hasta tiene su ciencia específica para los terremotos: la sismología. La historia popular es el folklor, según los creadores de la ciencia oficial; y allí se pueden encontrar los mitos primordiales de la creación mapuche: Tentenvilú y Caicaivilú. Ambas visiones de la realidad conviven en nuestro Chile que deviene también de la Nación Mapuche.En la lengua ancestral- Mapudungun – existe el concepto chewcuto para señalar el momento previo al truntrun o terremoto, que es la lucha mítica entre el dios de la Tierra (Tentenvilú) y el dios del Mar (Caicaivilú).Esta creencia popular o mito – todos quienes hemos sido criado en la cosmovisión mapuche, la hemos escuchado y aprendido hasta la pesadilla – es parte de nuestra formación cultural, que nos habla de lo frágil que es la naturaleza humana cuando huye de las fuerzas oceánicas de Caicaivilú. Este conocimiento de vida que es omitido por los winkas, permitió salvar vidas en las zonas de alta presencia indígena, donde el respeto al conocimiento de los mitos y leyendas, a veces parece constituir el único legado ancestral que poseen los hijos de la tierra para sobrevivir en la Madre Tierra (la Ñukemapu).En el aspecto político, el ciudadano winka, esperó las voces de sus iluminados – las autoridades y expertos en defensa – para actuar (escapar de la tragedia es imposible) y sobrevivir al terremoto-maremoto. Por otra parte, las comunidades indígenas, gracias a la formación mítica sobre la naturaleza del territorio que les toca habitar – algunos lo llaman determinismo geográfico – no necesitaron sino activar su memoria, el recuerdo vivo, transmitido por generaciones y de manera oral, para salir huyendo hacia los cerros, hasta donde también escapa Tentenvilú y así burlar las embestidas de Caicaivilú.Dice el weupife (historiador mapuche), que el dios de la tierra tuvo la precaución de crear la Cordillera de la Costa para proteger al hombre de la furia del Caicavilú y que el terremoto es anunciado por sucesivos temblores (truntrun) para que hombres y mujeres huyan hacia las montañas. Pero el winka está demasiado pendiente de la racionalidad del sismógrafo para comprender la irracionalidad de los mitos que pueblan el territorio.El poder ideológico del gobierno central paralizó toda iniciativa de los ciudadanos que dependen de sus instituciones; no pasó lo mismo con las comunidades lejanas como Cobquecura, donde primó el recuerdo, la memoria, el mito. Esa comunidad indígena nos demuestra que el hombre necesita de sus mitos para mantenerse despierto y alerta. En la lengua mapuche existen más de quince palabras que hablan de mantenerse atento, vigilante; incluso los sueños son signos de alerta. La cultura oficial ha sabido adormecer al hombre al extremo de no hacerlo reaccionar ante un cataclismo.El sismo, dicen, muestra lo peor y lo mejor del ser humano. En la urbe, el saqueo y la estafa salieron de los escombros para mostrar su espantosa desfachatez; al parecer, no sucedió así en las comunidades más distantes de la cultura oficial. En estos apartados lugares, los ciudadanos comunes y corrientes, alejados de toda influencia de la ciencia social, fueron capaces de mantener los lazos asociativos para no sólo escapar hacia la supervivencia sino, además, para mantenerse unidos como una sola gran familia. El delirio tremens en que se sumió parte de la población – unos saqueando y otros armándose para matar – muestra el grado de desesperación social que se genera cuando la ciencia del Estado fracasa o se demora en reaccionar. Los organismos del poder fueron salvados por los comunicadores, esos anarquistas que afortunadamente todo lo denuncian y todo lo critican. Así, la naturaleza, pareciera decirnos que a mayor civilización, mayor tribulación; y que a más folklor, mejor comprensión de la vida, porque ese conocimiento popular no es otra cosa que la memoria, el recuerdo activo manifestado cara a cara, lejos de esos tediosos tratados donde la tragedia humana es tabulado en estadísticas que finalmente nadie consulta. Podrán decir que soy un mitómano, pero es en medio de ésta alegoría, donde la épica popular mantiene fresca la memoria de los pueblos desaparecidos bajo las fauces del océano, por aquellos que no creen en las narraciones que hablan de la lucha entre los dioses primordiales de la cultura mapuche.Por otra parte, los partidos políticos, demostraron su incapacidad frente a las comunidades que dicen representar, porque fueron las organizaciones populares sin ideologías políticas, quienes tomaron el mando de las circunstancias, como esa niñita de la Isla Juan Fernández, que salvó a su comunidad, tal vez porque en su memoria fresca e impresionable, mantenía el recuerdo de la fuerza demoledora de ese dios celoso, que quiso destruir a la humanidad.Héctor VélizEscritor

miércoles, 10 de marzo de 2010

EL TERREMOTO Y EL MITO

La historia oficial nos habla de cataclismos, y hasta tiene su ciencia específica para los terremotos: la sismología. La historia popular es el folklor, según los creadores de la ciencia oficial; y allí se pueden encontrar los mitos primordiales de la creación mapuche: Tentenvilú y Caicaivilú. Ambas visiones de la realidad conviven en nuestro Chile que deviene también de la Nación Mapuche.
En la lengua ancestral- Mapudungun – existe el concepto chewcuto para señalar el momento previo al truntrun o terremoto, que es la lucha mítica entre el dios de la Tierra (Tentenvilú) y el dios del Mar (Caicaivilú).
Esta creencia popular o mito – todos quienes hemos sido criado en la cosmovisión mapuche, la hemos escuchado y aprendido hasta la pesadilla – es parte de nuestra formación cultural, que nos habla de lo frágil que es la naturaleza humana cuando huye de las fuerzas oceánicas de Caicaivilú.
Este conocimiento de vida que es omitido por los winkas, permitió salvar vidas en las zonas de alta presencia indígena, donde el respeto al conocimiento de los mitos y leyendas, a veces parece constituir el único legado ancestral que poseen los hijos de la tierra para sobrevivir en la Madre Tierra (la Ñukemapu).
En el aspecto político, el ciudadano winka, esperó las voces de sus iluminados – las autoridades y expertos en defensa – para actuar (escapar de la tragedia es imposible) y sobrevivir al terremoto-maremoto. Por otra parte, las comunidades indígenas, gracias a la formación mítica sobre la naturaleza del territorio que les toca habitar – algunos lo llaman determinismo geográfico – no necesitaron sino activar su memoria, el recuerdo vivo, transmitido por generaciones y de manera oral, para salir huyendo hacia los cerros, hasta donde también escapa Tentenvilú y así burlar las embestidas de Caicaivilú.
Dice el weupife (historiador mapuche), que el dios de la tierra tuvo la precaución de crear la Cordillera de la Costa para proteger al hombre de la furia del Caicavilú y que el terremoto es anunciado por sucesivos temblores (truntrun) para que hombres y mujeres huyan hacia las montañas. Pero el winka está demasiado pendiente de la racionalidad del sismógrafo para comprender la irracionalidad de los mitos que pueblan el territorio.
El poder ideológico del gobierno central paralizó toda iniciativa de los ciudadanos que dependen de sus instituciones; no pasó lo mismo con las comunidades lejanas como Cobquecura, donde primó el recuerdo, la memoria, el mito. Esa comunidad indígena nos demuestra que el hombre necesita de sus mitos para mantenerse despierto y alerta. En la lengua mapuche existen más de quince palabras que hablan de mantenerse atento, vigilante; incluso los sueños son signos de alerta. La cultura oficial ha sabido adormecer al hombre al extremo de no hacerlo reaccionar ante un cataclismo.
El sismo, dicen, muestra lo peor y lo mejor del ser humano. En la urbe, el saqueo y la estafa salieron de los escombros para mostrar su espantosa desfachatez; al parecer, no sucedió así en las comunidades más distantes de la cultura oficial. En estos apartados lugares, los ciudadanos comunes y corrientes, alejados de toda influencia de la ciencia social, fueron capaces de mantener los lazos asociativos para no sólo escapar hacia la supervivencia sino, además, para mantenerse unidos como una sola gran familia.
El delirio tremens en que se sumió parte de la población – unos saqueando y otros armándose para matar – muestra el grado de desesperación social que se genera cuando la ciencia del Estado fracasa o se demora en reaccionar. Los organismos del poder fueron salvados por los comunicadores, esos anarquistas que afortunadamente todo lo denuncian y todo lo critican. Así, la naturaleza, pareciera decirnos que a mayor civilización, mayor tribulación; y que a más folklor, mejor comprensión de la vida, porque ese conocimiento popular no es otra cosa que la memoria, el recuerdo activo manifestado cara a cara, lejos de esos tediosos tratados donde la tragedia humana es tabulado en estadísticas que finalmente nadie consulta.
Podrán decir que soy un mitómano, pero es en medio de ésta alegoría, donde la épica popular mantiene fresca la memoria de los pueblos desaparecidos bajo las fauces del océano, por aquellos que no creen en las narraciones que hablan de la lucha entre los dioses primordiales de la cultura mapuche.
Por otra parte, los partidos políticos, demostraron su incapacidad frente a las comunidades que dicen representar, porque fueron las organizaciones populares sin ideologías políticas, quienes tomaron el mando de las circunstancias, como esa niñita de la Isla Juan Fernández, que salvó a su comunidad, tal vez porque en su memoria fresca e impresionable, mantenía el recuerdo de la fuerza demoledora de ese dios celoso, que quiso destruir a la humanidad.

Héctor Véliz
Escritor





10.03.2010

EL TERREMOTO Y EL MITO

La historia oficial nos habla de cataclismos, y hasta tiene su ciencia específica para los terremotos: la sismología. La historia popular es el folklor, según los creadores de la ciencia oficial; y allí se pueden encontrar los mitos primordiales de la creación mapuche: Tentenvilú y Caicaivilú. Ambas visiones de la realidad conviven en nuestro Chile que deviene también de la Nación Mapuche.
En la lengua ancestral- Mapudungun – existe el concepto chewcuto para señalar el momento previo al truntrun o terremoto, que es la lucha mítica entre el dios de la Tierra (Tentenvilú) y el dios del Mar (Caicaivilú).
Esta creencia popular o mito – todos quienes hemos sido criado en la cosmovisión mapuche, la hemos escuchado y aprendido hasta la pesadilla – es parte de nuestra formación cultural, que nos habla de lo frágil que es la naturaleza humana cuando huye de las fuerzas oceánicas de Caicaivilú.
Este conocimiento de vida que es omitido por los winkas, permitió salvar vidas en las zonas de alta presencia indígena, donde el respeto al conocimiento de los mitos y leyendas, a veces parece constituir el único legado ancestral que poseen los hijos de la tierra para sobrevivir en la Madre Tierra (la Ñukemapu).
En el aspecto político, el ciudadano winka, esperó las voces de sus iluminados – las autoridades y expertos en defensa – para actuar (escapar de la tragedia es imposible) y sobrevivir al terremoto-maremoto. Por otra parte, las comunidades indígenas, gracias a la formación mítica sobre la naturaleza del territorio que les toca habitar – algunos lo llaman determinismo geográfico – no necesitaron sino activar su memoria, el recuerdo vivo, transmitido por generaciones y de manera oral, para salir huyendo hacia los cerros, hasta donde también escapa Tentenvilú y así burlar las embestidas de Caicaivilú.
Dice el weupife (historiador mapuche), que el dios de la tierra tuvo la precaución de crear la Cordillera de la Costa para proteger al hombre de la furia del Caicavilú y que el terremoto es anunciado por sucesivos temblores (truntrun) para que hombres y mujeres huyan hacia las montañas. Pero el winka está demasiado pendiente de la racionalidad del sismógrafo para comprender la irracionalidad de los mitos que pueblan el territorio.
El poder ideológico del gobierno central paralizó toda iniciativa de los ciudadanos que dependen de sus instituciones; no pasó lo mismo con las comunidades lejanas como Cobquecura, donde primó el recuerdo, la memoria, el mito. Esa comunidad indígena nos demuestra que el hombre necesita de sus mitos para mantenerse despierto y alerta. En la lengua mapuche existen más de quince palabras que hablan de mantenerse atento, vigilante; incluso los sueños son signos de alerta. La cultura oficial ha sabido adormecer al hombre al extremo de no hacerlo reaccionar ante un cataclismo.
El sismo, dicen, muestra lo peor y lo mejor del ser humano. En la urbe, el saqueo y la estafa salieron de los escombros para mostrar su espantosa desfachatez; al parecer, no sucedió así en las comunidades más distantes de la cultura oficial. En estos apartados lugares, los ciudadanos comunes y corrientes, alejados de toda influencia de la ciencia social, fueron capaces de mantener los lazos asociativos para no sólo escapar hacia la supervivencia sino, además, para mantenerse unidos como una sola gran familia.
El delirio tremens en que se sumió parte de la población – unos saqueando y otros armándose para matar – muestra el grado de desesperación social que se genera cuando la ciencia del Estado fracasa o se demora en reaccionar. Los organismos del poder fueron salvados por los comunicadores, esos anarquistas que afortunadamente todo lo denuncian y todo lo critican. Así, la naturaleza, pareciera decirnos que a mayor civilización, mayor tribulación; y que a más folklor, mejor comprensión de la vida, porque ese conocimiento popular no es otra cosa que la memoria, el recuerdo activo manifestado cara a cara, lejos de esos tediosos tratados donde la tragedia humana es tabulado en estadísticas que finalmente nadie consulta.
Podrán decir que soy un mitómano, pero es en medio de ésta alegoría, donde la épica popular mantiene fresca la memoria de los pueblos desaparecidos bajo las fauces del océano, por aquellos que no creen en las narraciones que hablan de la lucha entre los dioses primordiales de la cultura mapuche.
Por otra parte, los partidos políticos, demostraron su incapacidad frente a las comunidades que dicen representar, porque fueron las organizaciones populares sin ideologías políticas, quienes tomaron el mando de las circunstancias, como esa niñita de la Isla Juan Fernández, que salvó a su comunidad, tal vez porque en su memoria fresca e impresionable, mantenía el recuerdo de la fuerza demoledora de ese dios celoso, que quiso destruir a la humanidad.

Héctor Véliz
Escritor





10.03.2010