CHILE: UNA TRANSICIÓN PERMANENTE
El año 1979 cuando emprendía mi viaje a la Patagonia, primero tuve que pasar por la Trapananda (Región de Aysén y Coyhaique). En esa oportunidad hice la travesía desde Quellón hasta Aysén en un transbordador de Navimag, junto a un grupo de personajes que vestían a la usanza de los pioneros de las películas del Viejo Oeste; es decir, blue jeans y camisa de franela, similar a una serie de televisión norteamericana (La pequeña casa en la pradera) muy en boga durante los primeros años de la Dictadura Militar Chilena.
Conversando con estos pintorescos personajes, me enteré que ellos, con sus atuendos suaves y perfumados, iban a colonizar la Región del General Carlos Ibáñez del Campo (otro bienamado dictador de la oligarquía chilena). Para ese propósito, el Gobierno de facto, una vez más había arrebatado a los descendientes mapuche-williche, las tierras que estos habían colonizado desde cuando fueron ferozmente perseguido durante la Pacificación de la Araucanía (1881-1888). Aquellos indígenas y mestizos chilotes habían habilitado parajes y senderos para el ganado; y algunas villas que hacían más soportables la vida en esas soledades. De cualquier manera, los “nuevos colonizadores”, contaban con el apoyo del Ministerio de Tierras y Colonización para llevar adelante su cometido…Muchos de aquellos hombres - en esa primera oportunidad de reconocimiento no viajaban mujeres - eran tipos citadinos que habían dejado la oficina y gracias al panorama que les ofrecían en plena primavera, porque era Noviembre de ese año, habían emprendido la travesía, pensando naturalmente que así era siempre el buen tiempo que les esperaba. Cualquier otra opinión sobre la naturaleza cambiante del clima y los tiempos, les habría parecido una canallada, de manera que marchaban cantando viejas canciones de la tradición ranchera.
Yo a mi vez continué mi trayecto a la Patagonia Chileno-Argentina, Punta Arenas, Las Torres del Paine, Rio Gallegos, Santa Cruz y otras partes, un periplo que finalmente me trajo de vuelta a la Región Williche; esto es, desde la ciudad de Valdivia hasta Chiloé.
Finalmente cuando llegó la Transición a la Democracia (actualmente podría argumentar que nos encontramos en la etapa de la “transición permanente”), es decir, después de 10 años, incluyendo el fin de la Guerra Fría y la Celebración de los 200 años de la Revolución Francesa, finalmente me enteré por un programa de la Televisión Chilena, que esos pioneros de película habían fracasado; pues, la mayoría, durante el primer invierno, tuvo que salir huyendo de la nieve, del trabajo de arriero y agrícola que desconocían; y que sólo habrían quedado aquellos que no tuvieron los medios para regresar a la Ciudad de Santiago de Chile, de donde procedía la mayoría de estos aventureros.
Una vez más o tal vez porque no eran extranjeros, sino unos especimenes pobres de la congestionada ciudad de Santiago de Chile - con sus protestas y crímenes de Estado - el Gobierno los “exilió” prácticamente, y muchos de ellos dejaron abandonadas esas tierras y otros, tal vez los más habilidosos, encontraron compradores interesados y quizá muy pocos tuvieron éxito; eso no lo sé muy bien; pero como quiera que sea, en general, esa acometida colonizadora tuvo un solapado fracaso que los negocios de la Dictadura mantuvieron muy apartado del conocimiento público.
Posteriormente el Gobierno expropió esas tierras a los colonizadores ancestrales y se las vendió al magnate gringo, Douglas Tompkins (o como se llame). Y desde entonces, en estas tierras, la presencia humana prácticamente ha desaparecido. Dicen que Tompkins estaría protegiendo a la Naturaleza, pero a la mayoría de la gente más le parece la fortaleza de un territorio norteamericano. Algún día vendrán los mariners a repartirse la Patagonia como una extensión más de California, argumentan con fruición los pesimistas constructivos.
Los más optimistas piensan que un día no lejano, la Araucanía y la Patagonia se van a levantar como un solo puño y se va autodenominar La República Independiente de la Patagonia, tal como lo soñó el ciudadano francés, Orièle Antoine (1825-1878) quién se esforzó desesperadamente en crear un reino al interior del Wallmapu- territorio mapuche- (1860), cuyo reconocimiento de su Independencia Política y Territorial había quedado establecida en el Tratado de Killín (5 Enero 1641); mediante el cual, el Imperio Español reconocía la Autonomía de la Nación Mapuche.
Pero, en fin, el Consejo de Seguridad Nacional del Estado chileno, gracias a su sistema de defensa prusiano, ha sabido mantener las fronteras protegidas, más allá de los intereses de la ciudadanía, en beneficio del capitalismo internacional. Para entender esto último hay que pensar como un fascista neoliberal y actuar como un patriota nazi; rezar a Jesucristo y más encima creer que vivimos en la mejor de las democracias del mundo latinoamericano.
Héctor Véliz Pérez-Millán
Escritor
jueves, 22 de octubre de 2009
viernes, 10 de julio de 2009
LOS MITOS DEL EXILIO
EL AUMEN
El Aumen, a continuación de la gran estampida, huyó a galope tendido de los montes y quebradas; y se vio en la necesidad de buscar refugio entre los libros de la Muy Leal Ciudad.
Y cual mariposa atrapada entre las hojas, encantó a todo aquel que leía El Libro Oculto de la Poesía Secreta, convirtiéndolos en amantes de las letras.
Así nacieron poetas y escritores que goteaban savia y semen en las reuniones, creando de esta manera la primera voz de alerta y resistencia en el sur de la memoria.
De esta manera, el Aumen se transformó el mito cultural más celebrado del exilio, lo que ha provocado la envidia de moros y cristianos.
Algunos han pretendido afirmar que el Aumen es una pequeñísima mariposa que en su período de evolución suele reposar en las hojas de los árboles de donde extrae la savia que dará larga vida a los poetas y escritores que tocó con su magia.
Sin embargo, los aumenianos, saben que todo lo que se diga de ellos, siempre será “una canallada al sentido común”.
(texto publiado en el libro LOS MITOS DEL EXILIO, 1988, cHILOÉ)
AUTOR: HECTORVELIZPM
El Aumen, a continuación de la gran estampida, huyó a galope tendido de los montes y quebradas; y se vio en la necesidad de buscar refugio entre los libros de la Muy Leal Ciudad.
Y cual mariposa atrapada entre las hojas, encantó a todo aquel que leía El Libro Oculto de la Poesía Secreta, convirtiéndolos en amantes de las letras.
Así nacieron poetas y escritores que goteaban savia y semen en las reuniones, creando de esta manera la primera voz de alerta y resistencia en el sur de la memoria.
De esta manera, el Aumen se transformó el mito cultural más celebrado del exilio, lo que ha provocado la envidia de moros y cristianos.
Algunos han pretendido afirmar que el Aumen es una pequeñísima mariposa que en su período de evolución suele reposar en las hojas de los árboles de donde extrae la savia que dará larga vida a los poetas y escritores que tocó con su magia.
Sin embargo, los aumenianos, saben que todo lo que se diga de ellos, siempre será “una canallada al sentido común”.
(texto publiado en el libro LOS MITOS DEL EXILIO, 1988, cHILOÉ)
AUTOR: HECTORVELIZPM
jueves, 25 de junio de 2009
LOS DUEÑOS DE LA CIUDAD
LA GRAN CONSTRUCCIÓN
DEL
PUENTE DE CHACAO
Cuando los ingenieros iniciaron la Gran Construcción sin duda tuvieron presente la contratación de un ejército de obreros y técnicos que Chiloé no poseía, porque la obra en sí, desde un principio demandó el esfuerzo de muchas gene-raciones, considerando el impacto social que este asunto traería para la comunidad.
La crónica dice que una vez hecha las contrataciones, las cuadrillas se repartían en diferentes funciones operativas, de acuerdo al programa de construcción sobre ese canal que fue durante milenios una frontera y un límite.
Al comienzo, el perfil general del puente proyectó la forma de un arco, en cuya base exterior se ven, a intervalo de una decena de metros, unos pilares tallados en roca viva, ajustadas con extraordinaria precisión.
Por cierto, los obreros que migraron con sus familiares creyeron venir por una temporada, mientras durara la faena, pero el tiempo se extendió y las circunstancias de ejecución de la obra hicieron cambiar ese primer impulso, y fue así como a lo largo de los años, las corrientes marítimas, los terremotos y las dictaduras, suspendieron sucesivamente la Gran Construcción, aumentando la impotencia y su presencia masiva que hizo cam-biar el paisaje humano; permaneciendo atrapados en la for-taleza de una obra que se hizo eterna.
La Gran Construcción del Puente de Chacao, presentada por todos los mandatarios que visitaron la zona en todas las épocas, fue planeada – según ellos – para ofrecer las bondades de Chiloé a todo el mundo, y nunca hubo disonancias al res-pecto; sin embargo, para hacer más interesante el proyecto, se crearon grupos de presión que opusieron tenaz resistencia a lo que ellos consideraban una brutalidad.
Cuando finalmente lograron el interés y el apoyo de organismos internacionales, dejaron de protestar, y entonces, como estrategia paralela a la Gran Construcción, se dedicaron a edificar viviendas sociales, cabañas y reclamar patrimonios para la Humanidad… Así se apropiaron de la idiosincrasia autóctona para venderla como inagotable recurso cultural (por cierto, excluyendo a la población nativa por considerar los asesores que esa gente no sirve, que basta de romanticismos, porque lo mejor es cambiar el cuerpo social, trayendo gente del Exterior).
¿Negocio?...La monumental iniciativa a cambio de talar el bosque nativo, apropiarse de fiordos, lagos y ríos; en una pa-labra, reorganizar la economía local y continuar la colonización.
Para entender este relato hay que considerar que la Gran Construcción no fue proyectada para testimoniar la grandeza de los ingenieros que se dieron cita en este plan, sino para gloria del Estado, y así tomar posesión definitiva de esta unidad terri-torial, donde los chilenos parecen haber desplazado completa-mente a la comunidad autóctona que absorbió al componente hispano durante la Colonia; de manera que cuando llegue el momento de inaugurar el Puente de Chacao, éste será el último acto de Soberanía.
Sobre éste anhelo dominador se inspiraron realmente los ingenieros para la Gran Construcción, y sin duda tomaron como referencia muchos diseños a escala porque nunca antes en estas latitudes hubo un pueblo capaz de soñar una obra tan magnífica como la que están construyendo; y es posible que así como se presentaron miles de obreros y más tarde, profesionales, tam-bién se debió recurrir al oficio de muchos cronistas capaces de entender la esencia y el patriotismo de aquellos hombres veni-dos de tantas regiones, arrastrando también sus proyectos per-sonales y su memoria.
Anoto esto porque en algún momento un filósofo del Archipiélago escribió una extensa obra referida al Puente, destacando el espíritu y visión de país de los legisladores en la aprobación de recursos, asegurando que eran ellos, en defini-tiva, los verdaderos constructores de tan magna obra. Como sea, el libro fue declarado material didáctico para testimoniar la fuerza de un sueño realizado por muchas generaciones, aún cuando a veces parecía decaer, forcejeando contra el viento, las corrientes oceánicas y el abandono.
Es posible que estas consideraciones sean una vul-garidad para la concreción de tan noble proyecto que con los años va mutando de su forma original – tal es el avance de la obra – pero no deja de ser interesante también manifestar el tesón de los gobernadores en simular un interés que a ratos parece decaer, pero que finalmente se levanta, triunfante.
Después de todo o nada, cuando todos vemos que la obra está en plena construcción, aún nos preguntamos: “¿Para qué?” ¡Fácil! ¡Para los pueblos del Norte! Incluso para las etnias de otros Continentes que deseen implantarse en Chiloé.
La Historia señala que los colonizadores desde siempre han penetrado por el canal. Esta afirmación sólo es verdad por la cercanía del Continente. Sin embargo, lo que sabemos de esa gente no los cubren las leyendas inventadas acerca de ellos. En el pasado buscaron la Ciudad de los Césares y traficaron escla-vos para construir obras menores indignas de nuestra memoria, asunto que ellos agradecen cuando a esta zona vienen a contar otros relatos, lejos de la épica sangrienta con que han escrito sus hazañas, sus constituciones y sus tratados de paz. Además nunca sabremos si lo que ellos dicen es verdad, aunque sí sa-bemos que han heredado el botín histórico obtenido con artes de guerra sucia en otras regiones. Pero como ellos dicen: lo heredado no se roba.
Tal vez sea ese el miedo ancestral por la que los paisanos escapan de su terruño, cuando ellos, los nuevos colonizadores, deciden instalarse en la Isla. En términos generales, sólo ellos hablan maravillas del Archipiélago, dicen que es la región más transparente (para los otros, es claro), que es el espacio ideal para instalar empresas sin pago de impuestos y con muchas ventajas comparativas.
Por cierto, desde el inicio de la Gran Construcción ha quedado de manifiesto que los isleños no disponemos de organizaciones sociales y políticas capaces de solucionar los problemas generales a partir de la puesta en marcha del pro-yecto, puesto que todo está relacionado y desconectado, o sea, los poderosos capitales han rendido culto folklórico a las instituciones y símbolos ancestrales, pero estratégicamente han puesto sus intereses económicos por encima de cualquier consideración.
Esta afirmación la puedo hacer, por cierto, desde la intemperie porque en la comunidad existe sobrada claridad sobre este asunto, por eso cuando se detiene la continuidad de la obra, los políticos organizan mesas de diálogos para entregar el Puente en las próximas elecciones.
Es el ritmo de la estrategia.
Tiempo que desanima a los trabajadores y sus familiares que han migrado. Entonces ocupan su tiempo en crear vínculos, soñar con volver a sus lugares de origen o algunos, muy pocos, se instalan con sus propios colegios e iglesias a espaldas de la comunidad, donde crían sus vástagos para que no se contaminen con la masa infesta de sangre aborigen para que en pro de blanquear la imagen país no destruyan el producto nacional.
El origen del proyecto -según los Anales del Archivo Nacional- fue un plan secreto del Consejo de Seguridad Nacional que luego saltó a la arena política. Entonces el Palacio de Gobierno, en su afán de dar curso social a esa orden primigenia, destruyó todos los muros de resistencia con su discurso histórico, y así se sucedieron varios Dictadores durante el siglo pasado, quienes, tal vez fascinados por la inmortalidad, quisieron arrogarse la paternidad del proyecto para imprimir sus nombres en el libro de oro donde reposa la orden de ejecución.
Según los doctores de ciencias políticas, las grandes construcciones requieren grandes sacrificios sociales y en nombre de ésta fábula, todos los crímenes se justifican porque la epopeya en su marcha forzada engrandece al espíritu humano.
Las batallas de esta historia no son cosa nueva para nosotros. Acostumbrados a ver el lento avance del proyecto (que sólo la mala conciencia impide apreciar en toda su mag-nitud) sabemos también de las persecuciones malvadas contra quienes rehuyen su responsabilidad y contribución a la Gran Construcción del Puente de Chacao.
“La medida del Puente – según el Discurso Oficial – es la distancia exacta que nos separa del Desarrollo en circunstancias que muchos otros pueblos ajenos a las bondades de la Civi-lización no han tenido la oportunidad histórica de avanzar en una generación lo que a la Humanidad le costó siglos de creatividad y esfuerzos para acceder a la actual maravilla que nos brinda la Globalización”.
Guardo mi opinión en mi complejo aldeano, pues nunca he salido de mi provincia, pero todos los antecedentes en la elaboración de este relato están dictados por la determinación necesaria del gran proyecto para que la influencia de una historia común llegue directamente a cada ciudadano de este apartado Archipiélago.
(texto editado en el libro: LA GRAN CONSTRUCCIÓN DEL PUENTE DE CHACAO, AUTOR HECTOR VELIZ PEREZ-MILLAN, este va a propósito de la reedición propagandística del mega proyecto político).
DEL
PUENTE DE CHACAO
Cuando los ingenieros iniciaron la Gran Construcción sin duda tuvieron presente la contratación de un ejército de obreros y técnicos que Chiloé no poseía, porque la obra en sí, desde un principio demandó el esfuerzo de muchas gene-raciones, considerando el impacto social que este asunto traería para la comunidad.
La crónica dice que una vez hecha las contrataciones, las cuadrillas se repartían en diferentes funciones operativas, de acuerdo al programa de construcción sobre ese canal que fue durante milenios una frontera y un límite.
Al comienzo, el perfil general del puente proyectó la forma de un arco, en cuya base exterior se ven, a intervalo de una decena de metros, unos pilares tallados en roca viva, ajustadas con extraordinaria precisión.
Por cierto, los obreros que migraron con sus familiares creyeron venir por una temporada, mientras durara la faena, pero el tiempo se extendió y las circunstancias de ejecución de la obra hicieron cambiar ese primer impulso, y fue así como a lo largo de los años, las corrientes marítimas, los terremotos y las dictaduras, suspendieron sucesivamente la Gran Construcción, aumentando la impotencia y su presencia masiva que hizo cam-biar el paisaje humano; permaneciendo atrapados en la for-taleza de una obra que se hizo eterna.
La Gran Construcción del Puente de Chacao, presentada por todos los mandatarios que visitaron la zona en todas las épocas, fue planeada – según ellos – para ofrecer las bondades de Chiloé a todo el mundo, y nunca hubo disonancias al res-pecto; sin embargo, para hacer más interesante el proyecto, se crearon grupos de presión que opusieron tenaz resistencia a lo que ellos consideraban una brutalidad.
Cuando finalmente lograron el interés y el apoyo de organismos internacionales, dejaron de protestar, y entonces, como estrategia paralela a la Gran Construcción, se dedicaron a edificar viviendas sociales, cabañas y reclamar patrimonios para la Humanidad… Así se apropiaron de la idiosincrasia autóctona para venderla como inagotable recurso cultural (por cierto, excluyendo a la población nativa por considerar los asesores que esa gente no sirve, que basta de romanticismos, porque lo mejor es cambiar el cuerpo social, trayendo gente del Exterior).
¿Negocio?...La monumental iniciativa a cambio de talar el bosque nativo, apropiarse de fiordos, lagos y ríos; en una pa-labra, reorganizar la economía local y continuar la colonización.
Para entender este relato hay que considerar que la Gran Construcción no fue proyectada para testimoniar la grandeza de los ingenieros que se dieron cita en este plan, sino para gloria del Estado, y así tomar posesión definitiva de esta unidad terri-torial, donde los chilenos parecen haber desplazado completa-mente a la comunidad autóctona que absorbió al componente hispano durante la Colonia; de manera que cuando llegue el momento de inaugurar el Puente de Chacao, éste será el último acto de Soberanía.
Sobre éste anhelo dominador se inspiraron realmente los ingenieros para la Gran Construcción, y sin duda tomaron como referencia muchos diseños a escala porque nunca antes en estas latitudes hubo un pueblo capaz de soñar una obra tan magnífica como la que están construyendo; y es posible que así como se presentaron miles de obreros y más tarde, profesionales, tam-bién se debió recurrir al oficio de muchos cronistas capaces de entender la esencia y el patriotismo de aquellos hombres veni-dos de tantas regiones, arrastrando también sus proyectos per-sonales y su memoria.
Anoto esto porque en algún momento un filósofo del Archipiélago escribió una extensa obra referida al Puente, destacando el espíritu y visión de país de los legisladores en la aprobación de recursos, asegurando que eran ellos, en defini-tiva, los verdaderos constructores de tan magna obra. Como sea, el libro fue declarado material didáctico para testimoniar la fuerza de un sueño realizado por muchas generaciones, aún cuando a veces parecía decaer, forcejeando contra el viento, las corrientes oceánicas y el abandono.
Es posible que estas consideraciones sean una vul-garidad para la concreción de tan noble proyecto que con los años va mutando de su forma original – tal es el avance de la obra – pero no deja de ser interesante también manifestar el tesón de los gobernadores en simular un interés que a ratos parece decaer, pero que finalmente se levanta, triunfante.
Después de todo o nada, cuando todos vemos que la obra está en plena construcción, aún nos preguntamos: “¿Para qué?” ¡Fácil! ¡Para los pueblos del Norte! Incluso para las etnias de otros Continentes que deseen implantarse en Chiloé.
La Historia señala que los colonizadores desde siempre han penetrado por el canal. Esta afirmación sólo es verdad por la cercanía del Continente. Sin embargo, lo que sabemos de esa gente no los cubren las leyendas inventadas acerca de ellos. En el pasado buscaron la Ciudad de los Césares y traficaron escla-vos para construir obras menores indignas de nuestra memoria, asunto que ellos agradecen cuando a esta zona vienen a contar otros relatos, lejos de la épica sangrienta con que han escrito sus hazañas, sus constituciones y sus tratados de paz. Además nunca sabremos si lo que ellos dicen es verdad, aunque sí sa-bemos que han heredado el botín histórico obtenido con artes de guerra sucia en otras regiones. Pero como ellos dicen: lo heredado no se roba.
Tal vez sea ese el miedo ancestral por la que los paisanos escapan de su terruño, cuando ellos, los nuevos colonizadores, deciden instalarse en la Isla. En términos generales, sólo ellos hablan maravillas del Archipiélago, dicen que es la región más transparente (para los otros, es claro), que es el espacio ideal para instalar empresas sin pago de impuestos y con muchas ventajas comparativas.
Por cierto, desde el inicio de la Gran Construcción ha quedado de manifiesto que los isleños no disponemos de organizaciones sociales y políticas capaces de solucionar los problemas generales a partir de la puesta en marcha del pro-yecto, puesto que todo está relacionado y desconectado, o sea, los poderosos capitales han rendido culto folklórico a las instituciones y símbolos ancestrales, pero estratégicamente han puesto sus intereses económicos por encima de cualquier consideración.
Esta afirmación la puedo hacer, por cierto, desde la intemperie porque en la comunidad existe sobrada claridad sobre este asunto, por eso cuando se detiene la continuidad de la obra, los políticos organizan mesas de diálogos para entregar el Puente en las próximas elecciones.
Es el ritmo de la estrategia.
Tiempo que desanima a los trabajadores y sus familiares que han migrado. Entonces ocupan su tiempo en crear vínculos, soñar con volver a sus lugares de origen o algunos, muy pocos, se instalan con sus propios colegios e iglesias a espaldas de la comunidad, donde crían sus vástagos para que no se contaminen con la masa infesta de sangre aborigen para que en pro de blanquear la imagen país no destruyan el producto nacional.
El origen del proyecto -según los Anales del Archivo Nacional- fue un plan secreto del Consejo de Seguridad Nacional que luego saltó a la arena política. Entonces el Palacio de Gobierno, en su afán de dar curso social a esa orden primigenia, destruyó todos los muros de resistencia con su discurso histórico, y así se sucedieron varios Dictadores durante el siglo pasado, quienes, tal vez fascinados por la inmortalidad, quisieron arrogarse la paternidad del proyecto para imprimir sus nombres en el libro de oro donde reposa la orden de ejecución.
Según los doctores de ciencias políticas, las grandes construcciones requieren grandes sacrificios sociales y en nombre de ésta fábula, todos los crímenes se justifican porque la epopeya en su marcha forzada engrandece al espíritu humano.
Las batallas de esta historia no son cosa nueva para nosotros. Acostumbrados a ver el lento avance del proyecto (que sólo la mala conciencia impide apreciar en toda su mag-nitud) sabemos también de las persecuciones malvadas contra quienes rehuyen su responsabilidad y contribución a la Gran Construcción del Puente de Chacao.
“La medida del Puente – según el Discurso Oficial – es la distancia exacta que nos separa del Desarrollo en circunstancias que muchos otros pueblos ajenos a las bondades de la Civi-lización no han tenido la oportunidad histórica de avanzar en una generación lo que a la Humanidad le costó siglos de creatividad y esfuerzos para acceder a la actual maravilla que nos brinda la Globalización”.
Guardo mi opinión en mi complejo aldeano, pues nunca he salido de mi provincia, pero todos los antecedentes en la elaboración de este relato están dictados por la determinación necesaria del gran proyecto para que la influencia de una historia común llegue directamente a cada ciudadano de este apartado Archipiélago.
(texto editado en el libro: LA GRAN CONSTRUCCIÓN DEL PUENTE DE CHACAO, AUTOR HECTOR VELIZ PEREZ-MILLAN, este va a propósito de la reedición propagandística del mega proyecto político).
martes, 16 de junio de 2009
LOS DUEÑOS DE LA CIUDAD
PREMIO DE EXTENSIÓN CULTURAL
Aquí todo va bien para unos pocos y mejor para los mismos de siempre. La semana recién pasada le dieron el Premio de Extensión Cultural a la folklorista, Rosario Hueicha, cuando ya la habían enterrado y a la familia se le había olvidado la tristeza. Sólo aquí sucede esa confianza de entregarles las llaves de la ciudad a los cadáveres; en cambio a los vivos, se les declara persona non grata, y más todavía si ejercen algún talento que hierve la sangre de los mediocres; quienes para hacer más fuego de su pira, organizan consejos y comités para realizar sus cacerías de brujas. Por eso, hace algunos días cuando el poeta Koliboro Mankemilla acababa de cumplir una década de obtener el Premio Municipal de Santiago, su rabia comenzó a salirse de madre como esos ríos que arrasan los palafitos. Es posible que nadie quiera recordar el premio en cuestión; pero para dejar constancia a los historiadores, y para ser más precisos, esto sucedió cuando el alcalde todavía vigente inauguró la Plaza de los Lores.
Entonces, el Consejo Municipal, quien otorga el Premio de Extensión Cultural que entrega la Muy Leal Ciudad, decidió crear y otorgar el primer galardón precisamente al poeta Mankemilla, por su contribución a las letras chilenas y dejar en buen pie el nombre del reino en la Metrópolis.
Su rabia, desconocida por todos y negada por él, comenzó hace tres gobiernos atrás cuando alguien con lágrimas en los ojos aseguró que en Chile se haría justicia en la medida de lo posible…Entonces el Premio de Extensión Cultural se la vinieron a ofrecer antes de Navidad, porque sería anunciado el Día de los Inocentes, por ser un día memorable en el mundo literario local. El poeta, se lo contó a todo su mundo: esposa e hijos. Que por fin se venía el premio y muchos dólares para comprarse una casa; que nunca más vivirían de allegado en la ciudad, después que las fronteras se abrieron para la estampida de exiliados que volvieron a tomarse el poder -esta vez en calidad de nuevos colonos- con todo ese capital social que otorga la riqueza y desconoce quien ha nacido cautivo de los tratados de cooperación económica que hacen los países ricos contra los países subdesarrollados. El premio en sí, no era sólo un reconocimiento artístico, sino una muestra de los intereses políticos y la pretensión de controlar a un nuevo régimen cultural. “El poeta Mankemilla – han escrito después los especialistas – es el punto culminante de la seducción erótica que une el pasado mítico con la tragedia inminente de la historia”. Este aspecto, a pesar del testimonio de los especialistas, ponía en evidencia el optimismo proyectivo del sistema político chileno cuando en vez de premiar a los cadáveres, decide galardonar a la generación perdida cuyo auténtico representante se pone de manifiesto en la poética de Mankemilla. Los pormenores del Consejo Municipal y la necesidad urgente de hacer historia en una etapa que ellos juran es fundacional, les hace abrir un abanico que ofrece viento para todos, pero cuando deciden otorgar algún beneficio se cierra como si fuera un puñal, después de haber herido la confianza pública.
Ese mismo puñal hirió seriamente al poeta Mankemilla cuando se enteró que la pequeña élite de cuatro concejales y un Alcalde, decidieron desviar el premio a organizaciones culturales y que finalmente acosados por sus propias iniciativas y disputas personales, decidieron otorgar (cuando ya nadie se postuló a la nominación del Premio de Extensión Cultural; perdiendo, además, todo prestigio) el premio por Secretaría; es decir, en secreto…como siempre se han llevado adelante los Concursos Públicos en la República de Chile. Por eso no debe extrañar a nadie que el próximo año se declare desierto el Concurso de Extensión Cultural, simplemente porque los concejales han perdido todo interés por cualquier actividad cultural. Según ellos, leer o hacer cualquier esfuerzo casi doméstico como apreciar una obra de arte, les parece un pasatiempo de mujeres ociosas o vagabundos. Permitirlo, pondría en tela de juicio la administración del poder y sus límites humanos, porque a través del arte, la sociedad se tornaría más abierta, más cercana a la estabilidad democrática; y eso los llena de incertidumbre y por lo mismo, prefieren reinventar el pasado de espaldas al futuro.
Por todo eso, darle hoy el premio al poeta Koliboro Mankemilla, sería admitir la derrota de un proyecto cultural que nunca ha sido legítimo, porque al fin de cuentas, toda la actual institucionalidad se basa en la ilegitimidad. Y todo porque su poética “une el pasado mítico con la tragedia inminente de la historia”.
(Texto editado en el libro Los Dueños de la Ciudad, ediciones Mentanegra)
Chile, 2009.
Aquí todo va bien para unos pocos y mejor para los mismos de siempre. La semana recién pasada le dieron el Premio de Extensión Cultural a la folklorista, Rosario Hueicha, cuando ya la habían enterrado y a la familia se le había olvidado la tristeza. Sólo aquí sucede esa confianza de entregarles las llaves de la ciudad a los cadáveres; en cambio a los vivos, se les declara persona non grata, y más todavía si ejercen algún talento que hierve la sangre de los mediocres; quienes para hacer más fuego de su pira, organizan consejos y comités para realizar sus cacerías de brujas. Por eso, hace algunos días cuando el poeta Koliboro Mankemilla acababa de cumplir una década de obtener el Premio Municipal de Santiago, su rabia comenzó a salirse de madre como esos ríos que arrasan los palafitos. Es posible que nadie quiera recordar el premio en cuestión; pero para dejar constancia a los historiadores, y para ser más precisos, esto sucedió cuando el alcalde todavía vigente inauguró la Plaza de los Lores.
Entonces, el Consejo Municipal, quien otorga el Premio de Extensión Cultural que entrega la Muy Leal Ciudad, decidió crear y otorgar el primer galardón precisamente al poeta Mankemilla, por su contribución a las letras chilenas y dejar en buen pie el nombre del reino en la Metrópolis.
Su rabia, desconocida por todos y negada por él, comenzó hace tres gobiernos atrás cuando alguien con lágrimas en los ojos aseguró que en Chile se haría justicia en la medida de lo posible…Entonces el Premio de Extensión Cultural se la vinieron a ofrecer antes de Navidad, porque sería anunciado el Día de los Inocentes, por ser un día memorable en el mundo literario local. El poeta, se lo contó a todo su mundo: esposa e hijos. Que por fin se venía el premio y muchos dólares para comprarse una casa; que nunca más vivirían de allegado en la ciudad, después que las fronteras se abrieron para la estampida de exiliados que volvieron a tomarse el poder -esta vez en calidad de nuevos colonos- con todo ese capital social que otorga la riqueza y desconoce quien ha nacido cautivo de los tratados de cooperación económica que hacen los países ricos contra los países subdesarrollados. El premio en sí, no era sólo un reconocimiento artístico, sino una muestra de los intereses políticos y la pretensión de controlar a un nuevo régimen cultural. “El poeta Mankemilla – han escrito después los especialistas – es el punto culminante de la seducción erótica que une el pasado mítico con la tragedia inminente de la historia”. Este aspecto, a pesar del testimonio de los especialistas, ponía en evidencia el optimismo proyectivo del sistema político chileno cuando en vez de premiar a los cadáveres, decide galardonar a la generación perdida cuyo auténtico representante se pone de manifiesto en la poética de Mankemilla. Los pormenores del Consejo Municipal y la necesidad urgente de hacer historia en una etapa que ellos juran es fundacional, les hace abrir un abanico que ofrece viento para todos, pero cuando deciden otorgar algún beneficio se cierra como si fuera un puñal, después de haber herido la confianza pública.
Ese mismo puñal hirió seriamente al poeta Mankemilla cuando se enteró que la pequeña élite de cuatro concejales y un Alcalde, decidieron desviar el premio a organizaciones culturales y que finalmente acosados por sus propias iniciativas y disputas personales, decidieron otorgar (cuando ya nadie se postuló a la nominación del Premio de Extensión Cultural; perdiendo, además, todo prestigio) el premio por Secretaría; es decir, en secreto…como siempre se han llevado adelante los Concursos Públicos en la República de Chile. Por eso no debe extrañar a nadie que el próximo año se declare desierto el Concurso de Extensión Cultural, simplemente porque los concejales han perdido todo interés por cualquier actividad cultural. Según ellos, leer o hacer cualquier esfuerzo casi doméstico como apreciar una obra de arte, les parece un pasatiempo de mujeres ociosas o vagabundos. Permitirlo, pondría en tela de juicio la administración del poder y sus límites humanos, porque a través del arte, la sociedad se tornaría más abierta, más cercana a la estabilidad democrática; y eso los llena de incertidumbre y por lo mismo, prefieren reinventar el pasado de espaldas al futuro.
Por todo eso, darle hoy el premio al poeta Koliboro Mankemilla, sería admitir la derrota de un proyecto cultural que nunca ha sido legítimo, porque al fin de cuentas, toda la actual institucionalidad se basa en la ilegitimidad. Y todo porque su poética “une el pasado mítico con la tragedia inminente de la historia”.
(Texto editado en el libro Los Dueños de la Ciudad, ediciones Mentanegra)
Chile, 2009.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
